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27 de Nov de 2020

Paulino Romero C.

Columnistas

Ciencia para el desarrollo humano

Hemos cambiado el clima de la Tierra o, al menos, hemos acelerado su cambio en una dirección para la que quizá no estemos preparados

Ciencia para el desarrollo humano
Ciencia para el desarrollo humano

Con frecuencia oímos decir que el mundo está viviendo momentos decisivos para su suerte. Simultáneamente estamos asistiendo a la globalización de relaciones humanas y naturales de destacada importancia: la sociedad humana de los casi siete mil millones de personas se ve afectada, aunque de manera desigual, por circunstancias que son comunes: la relación capitalista se ha impuesto y regado por todo el planeta.

Hemos cambiado el clima de la Tierra o, al menos, hemos acelerado su cambio en una dirección para la que quizá no estemos preparados. Hemos cambiado, por tanto, nuestra relación con la Tierra y no parece que hayamos tomado noticia de ello. Circulan alrededor del globo capitales, epidemias, noticias, personas, conocimientos, sustos, esperanzas y amenazas, tecnologías, necesidades y mercaderías, riquezas y pobreza, armas, desechos tóxicos y desechos nucleares, empleos y desempleos, deslocalizaciones de empresas, vehículos por tierra, mar y aire, recursos naturales renovables y no renovables, catástrofes, fanatismos religiosos, terrorismos de Estado y terrorismos de sectas, ideas y problemas con tal rapidez y fluidez —salvo para el flujo de los pobres— que parecería suceder todo esto en un mundo sin fronteras, globo listo y sin obstáculos por el que todo pudiera deslizarse a capricho.

La red de relaciones que lo recubre es de tal densidad y fortaleza que se necesita mucho más que la linterna de Diógenes para dar cuenta y razón de lo que está sucediendo y mucha más luz aún para poder otear lo que puede llegar a suceder. En este real teatro del mundo, escenario inédito por su potencia y por su ritmo acelerado, términos como información, saber, conocimiento, ciencia, democracia, poder, bienestar, justicia, desarrollo, cobran un sentido e importancia que en otros tiempos no tenían.

Comenzamos, pues, a percibir esta complejidad y sus desafíos, si es que queremos seguir viviendo y si, más todavía, queremos vivir mejor. Cuánto más, si queremos que ese bienestar se distribuya equitativamente entre todos los seres humanos. Dos dimensiones, por tanto, que reúnen dos temas en uno: el de la ciencia y el del desarrollo humano; el de la Ciencia para el desarrollo humano: las ciencias, porque la complejidad de que hablamos solo desde los más potentes y amplios conocimientos puede ser abordada con ciertos grados de fiabilidad; el desarrollo humano, porque el futuro de nuestra especie depende de los modos en que se despliegue el potencial multidimensional de que estamos provistos.

Esto nos debería conducir a dos grandes y profundos estudios. Asumiendo que el mero sentido común y la experiencia ordinaria, con todo lo necesarios que son para la vida, no dan el alto y el ancho para este menester de descifrar lo complejo, uno se enfrentaría a los saberes científicos para saber lo que de ellos podemos esperar. Estaríamos hablando de llevar a cabo un análisis de los procedimientos científicos, de sus teorías, de sus implicaciones y de sus resultados. El otro iría encaminado a definir el desarrollo humano y sus determinaciones socio-históricas y naturales para decidir las formas adecuadas de ideación, proyección, actuación, seguimiento y evaluación.

Para una definición de Desarrollo Humano Sostenible se tiene en cuenta que los conceptos de bienestar, de vida buena, de satisfacción, de justicia, de libertad, de participación, de necesidades elementales son hijos de su tiempo, de modo que mal haremos con pretender generalizar para todo tiempo y lugar estos conceptos y sus determinaciones. Así, parece razonable que se ha de privilegiar lo común frente a lo privado, si lo que se pretende es generar ciudadanía, esto es, modos civilizados de convivencia en paz y mutua colaboración.

Lo mismo cabe decir de lo que es el bienestar social y personal. Hoy, después de lo que hemos visto en los países más beneficiados por la modernidad, el bienestar, la vida buena, va adornada por dimensiones como la seguridad ciudadana, la fiabilidad en las instituciones, el acceso al mundo del trabajo, la cobertura social en educación y salud, la equidad de oportunidades, la posibilidad real de la participación en los destinos de la sociedad, la esperanza en el futuro como el ámbito en el que las cosas pueden mejorar.

MAESTRO DE CIUDADANOS.