Temas Especiales

27 de Nov de 2020

Demetrio Olaciregui Q.

Columnistas

Sequía moral y espiritual

En la Universidad de Oxford existe desde hace una década un Instituto del Futuro de la Humanidad

En la Universidad de Oxford existe desde hace una década un Instituto del Futuro de la Humanidad en el que científicos anticipan escenarios sobre cómo podría terminar la vida en el planeta. No figura un cambio climático que acabe con todo. Pero sí una nube de polvo nuclear contaminante que se desplazaría a la estratósfera y generaría una sequía mundial.

Esa conclusión se asocia con los padecimientos de sequías en distintas partes del orbe y se suma a los incontables sufrimientos con los que tendrá que lidiar la humanidad en el futuro.

Panamá no está ajeno a esos males pues, pese a ser un país bendecido por abundantes fuentes de agua, sus ciudadanos, los animales y la vegetación han estado sometidos en los últimos meses a una especie de estrés hídrico que ha puesto al país al borde de una emergencia nacional de salud pública. El déficit de agua está generando sequías prolongadas en distintas regiones del país, algunas expuestas por años a crisis hídricas.

Pero también puede hablarse de la sequía moral y espiritual por la que atraviesa el país. No cesan los escándalos de corrupción en la administración del Estado y en los partidos políticos, empresas del sector privado son descubiertas en prácticas deshonestas, los líderes religiosos son lobos con pieles de ovejas, las organizaciones de la sociedad civil son trampolines para llegar al poder político y una criminalidad rampante, en contubernio con los aparatos de seguridad, hinca sus garras sobre el ciudadano común. La injusticia, la explotación, la falta de sensibilidad humana, la degeneración y prácticas sexuales aberrantes han instalado su campamento en el país, ahogando los signos de conciencia y racionalidad.

En Panamá, que se supone un Estado laico en el que Dios no es el poder, el poder se ha convertido en un dios. Y el poder trata de comprar la vida eterna, cual nuevas indulgencias, al destinar $16.7 millones para obras de la Iglesia Católica. Bien lo saben los clérigos al señalar que el poder es una tentación que corrompe, comenzando por jerarcas que han sabido acomodarse a las cúpulas de la política y del dinero.

Pero esos son solo síntomas de la enfermedad. Una espantosa sequía de desconfianza se ha entronizado en el país. Existe un ambiente de frustración y desasosiego, atizado desde el poder político, que no anticipa más que depresión y pesimismo.

Esa generación de frustración no es patrimonio exclusivo del Gobierno nacional. La Asamblea de Diputados y la Corte Suprema de Justicia compiten entre sí por mostrar cada una su rostro más detestable.

En las Sagradas Escrituras se describe la sequía espiritual como asociada con una persona que desde la planta del pie hasta la cabeza no posee ninguna parte sana, sino una llaga podrida. El tener la cabeza enferma da una idea de depravación, de mente contaminada por pensamientos y acciones corruptas.

El apóstol Pablo describió la existencia de ‘hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites de este mundo más que de Dios'.

‘¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿pueden ustedes hacer bien, estando habituados a hacer mal?', preguntó el profeta Jeremías.

La enfermedad espiritual es más peligrosa que la enfermedad física, porque la última tiene que ver solo con la vida presente, pero la enfermedad del espíritu afecta eternamente.

Actualmente la Psiconeuroinmunología estudia el impacto de los pensamientos, sentimientos y las emociones en el sistema inmunológico de las personas, el efecto del estado mental en la condición física. El ser humano está secándose, desfalleciendo, por causa de las penas, la ansiedad, el descontento, el remordimiento y el sentimiento de culpabilidad que menoscaban las fuerzas vitales y llevan al decaimiento y, en casos extremos, a la muerte.

Superar la sequía moral y espiritual demanda un cambio de conducta y una vinculación sincera, genuina y permanente con Dios. En la sequía espiritual, únicamente Dios puede saciar el alma del ser humano que lo busca con humildad.

Es inútil la afiebrada búsqueda de los seres humanos de fuentes alejadas de Dios capaces de apagar la sed del alma. El poeta Amado Nervo afirmó que no hay fuente que pueda saciar la ansiedad de la humanidad por mucho que beba. El alma es un vaso que solo se llena con eternidad.

PERIODISTA

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‘En Panamá, que se supone un Estado laico en el que Dios no es el poder, el poder se ha convertido en un dios. Y el poder trata de comprar la vida eterna, ..., al destinar $16.7 millones para obras de la Iglesia Católica...'