La Estrella de Panamá
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16 de Oct de 2019

Anel González

Columnistas

En pro de la sinergia entre la UP y el Gobierno nacional

Las próximas cinco décadas serán cruciales en la supervivencia de la institución llamada universidad

Las próximas cinco décadas serán cruciales en la supervivencia de la institución llamada universidad. El panorama no presenta esperanzas, al menos, desde mi percepción, para lo que a la Universidad de Panamá hace referencia. No infiero de qué manera se podrá superar una gama de situaciones y problemas. La acreditación no pasó de ser un ejercicio de ‘mea culpa' que, contrario a lo que se esperaba, ha sido neutralizado por el fenómeno de una cultura acomodaticia y refractaria al cambio. Este es un factor que pesa mucho, en lo que doy por llamar el proceso de repensar y recrear la Universidad.

La práctica sosa, sin sentido ni visión, de que para recibir la acreditación definitiva hay que recoger firmas de documentos preparados para las clases, de cara a certificar que los docentes hemos cumplido con las responsabilidades y con los compromisos del primer inventario de fortalezas y debilidades, realizado hace dos años, por los pares externos, no pasa de ser una práctica bofa, al decir de mi abuela. En lo personal, pensé que habría una convocatoria a una especie de focus académico y administrativo global para la proyección estratégica de la Universidad. Pero esto no estaba en la agenda del proceso acreditador. Esperaba la convocatoria de la comunidad nacional; entiéndase, representaciones de las entidades estatales, empresa privada y sus organizaciones, sindicatos, organizaciones profesionales; y de diversos gremios y etnias, a los efectos de abrir la oportunidad de otear el futuro y canalizar dicha visión hacia una propuesta curricular afincada en las necesidades de desarrollo del país y de la variopinta realidad social y cultural. No fue así.

La nueva visita de los pares externos analizará los registros y documentos, y firmará que hemos cumplido las metas propuestas para superar limitaciones que se habrían señalado en el proceso previo, pero lo sustantivo y trascendente quedará como una tarea pendiente.

¿Qué nos sucede a los universitarios? ¿Qué preguntas nos tenemos que hacer acerca de la formulación de un plan estratégico, que apunte a cambios profundos e innovaciones de situaciones limitantes que nos gritan todos los días por doquier, sin que siquiera reaccionemos? Nos conformamos con cursitos de actualización de una semana y ya pensamos que estamos en capacidad de competir, a la par con otras universidades de la región, por ejemplo, la Universidad Nacional de Costa Rica, para no hablar de la UNAM? Qué decir de la disparidad de criterios aplicados para el ingreso de los estudiantes; ¿por qué las facultades de Medicina y de Odontología se reservan el derecho de seleccionar a sus estudiantes, para luego exhibir su mayor efectividad en contraste con las facultades que no lo hacen? Esta materia gruesa apunta a la necesidad de crear un sistema de calidad, que corra transversal, por todos los estamentos de la institución y con el respaldo de toda la sociedad panameña.

Ante estos fenómenos internos, el problema se agrava cuando el Gobierno camina espalda-espalda con la Universidad. Y es que la relación entre la gestión gubernamental y la universitaria deben marchar a la par. Esto, porque la sociedad y el Gobierno no pueden exigir calidad y egresados con excelentes competencias, si todos los años el presupuesto regresa recortado, segando posibilidades de mejoras en los laboratorios, en el equipamiento, en la investigación y en el soporte a los programas de proyección y de servicios a la comunidad nacional. Además, sin el presupuesto necesario, los programas de intercambio académico y estudiantil con otras universidades del exterior, lo cual impide el poder calibrar la calidad de lo que hacemos y se limitan las opciones de estudios de perfeccionamiento y de postgrado.

El momento de elegir nuevas autoridades es el apropiado para repensar y recrear la UP, ya no solo en lo que hace a su misión, sino también, en la práctica, innovar su infraestructura tecnológica como pivote para consolidar su aporte al desarrollo económico y social. Es preciso cambiar el estilo espalda-espalda, entre la Universidad y el Gobierno nacional por un modelo integrador y de colaboración; eso sí, en el marco de la preservación de la autonomía universitaria.

PSICÓLOGO INDUSTRIAL, DOCENTE Y ESCRITOR.