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16 de Oct de 2019

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Julio Yao Villalaz

Columnistas

El canal en las Naciones Unidas (IV)

Tan pronto Torrijos llegó temprano el sábado 17 y se bajó de su helicóptero, al verme me preguntó: ‘Hola, Julio, ¿cómo te fue en La Haya? '

Tan pronto Torrijos llegó temprano el sábado 17 y se bajó de su helicóptero, al verme me preguntó: ‘Hola, Julio, ¿cómo te fue en La Haya? '. ‘Bien, general, pero necesito que nos reunamos usted y yo a solas, porque están ocurriendo cosas importantes que debe conocer '. El general asintió y me invitó a pasar a una sala donde había una mesa de trabajo. Me senté a la cabeza, y él se sentó a mi derecha.

El general Torrijos me escuchó en total silencio y receptivamente durante una hora. Le expliqué sobre la misión secreta y nuestras diferencias a lo interno de la Cancillería. Le alerté que habíamos empezado mal al presentar la noche anterior una resolución inconveniente a los intereses nacionales y que los embajadores estaban disgustados; que dicha resolución era conciliatoria con EE.UU. a costa nuestra; que era mejor que EE.UU. vetara una resolución patriótica y basada en el derecho internacional, y no que aprobara una resolución blandengue, porque en este caso el mundo no sabría cuál era nuestra posición y volveríamos a la misma cantaleta de 1903.

Terminé mi narración de sesenta minutos así: ‘General Torrijos, yo respeto mucho al canciller Tack, porque es mi jefe y un hombre honesto que no tiene otro interés que la Patria. Por encima de Tack lo respeto a usted, porque es jefe del canciller. Pero, por encima de usted está la Patria, y yo a la Patria me debo. Por ella lucho y por ella vivo '. Echándose hacia atrás y desorbitando mucho sus ojos, Torrijos preguntó sorprendido: ‘¿Así es la cosa? '. ‘Sí, así es '. ‘¿Y ya Tony (Tack) sabe de esto? '. ‘Sí ', respondí. ‘Entonces, dígale al canciller que ya habló conmigo '.

En la cena, el canciller, que se encontraba en una mesa flanqueado por Raúl Roa, Ricardo Alarcón, embajador de Cuba en la ONU, y los representantes de Indonesia, Yugoslavia y Guinea-Bissau, me vio venir y dijo, un tanto sorprendido, ‘Acércate Julio, ¿qué te parece que los embajadores me acaban de decir exactamente lo que has venido sosteniendo: que la neutralización es una intromisión en los asuntos árabes y que la resolución presentada congela las fronteras geopolíticas existentes, lo que favorece a Israel, puesto que ocupa actualmente territorio de Egipto? '. A su derecha, el canciller Tack me tenía reservado un asiento, pero me mantuve de pie. Entusiasmado, el canciller Tack me pidió que me encerrara en algún lugar y redactara un memo urgente para el general Torrijos que le resumiera las implicaciones de la ‘resolución suave ', las conclusiones y el contenido de la propuesta que necesitábamos.

En un repositorio de escobas y trapeadores, escribí un memo a mano para el general Torrijos de trece páginas largas. Le expliqué que la primera resolución nos inmiscuía en el conflicto árabe-israelí en contra de nuestros aliados; que la neutralidad y la neutralización de los canales eran contraproducentes y una ilusión, mientras no tuviéramos soberanía; que nunca hubo neutralidad pero sí intervenciones y un manejo guerrerista de la navegación por el Canal y que la neutralidad era una falacia en nuestro caso, pero que esa mentira histórica podía hacernos fracasar en el Consejo y en las negociaciones, si no la eliminábamos de nuestro vocabulario.

El canciller Tack le entregó el memo esa medianoche del sábado al general Torrijos. Mientras, nos dedicamos a hacer las consultas con los otros representantes del Consejo, que se quedaron hasta el domingo en Contadora. Los embajadores abrumadoramente rechazaban la resolución en el tapete. El canciller Tack me pidió fundir las dos resoluciones que tenía (sobre el Canal y las bases militares) en una sola. Una copia de esta resolución se le entregó al canciller peruano, general Miguel Ángel De la Flor Valle, quien era nuestro enlace con el resto del Tercer Mundo; y otra, al embajador Huang Hua, de China Popular, de quien yo era el enlace con el canciller Tack. En un golpe de timón, el canciller Tack presentó la resolución que internacionalizó la causa panameña y nos dio, pese al veto de EE.UU., una victoria moral importante. Se había cumplido el reto que lancé cuando estudiante en agosto de 1968.

Ese esfuerzo le permitió al canciller Tack finalizar la sesión el 21 de marzo de 1973 con esta frase lapidaria: ‘Estados Unidos vetó el proyecto de resolución en apoyo de la causa panameña, pero el mundo entero vetó a los Estados Unidos '.

*ANALISTA INTERNACIONAL, EXASESOR DE POLÍTICA EXTERIOR Y ESCRITOR.