Panamá,25º

13 de Dec de 2019

Liliana Morales

Columnistas

La percepción ciudadana 2016

Es claro y sin discusión, que el país está sumergido en un lento crecimiento económico, que los tres órganos del Estado están en la mira

Es claro y sin discusión, que el país está sumergido en un lento crecimiento económico, que los tres órganos del Estado están en la mira, que las vendettas políticas continúan y que cada día que pasa, suma en el reloj un día menos en el poder.

Mientras, el pueblo panameño es alimentado diariamente con un oleaje de sucesos inconclusos, conspiraciones, crudos señalamientos y acusaciones por quienes ostentan el poder y sus adversarios a través de medios de comunicación y redes sociales. Sin duda, lo que priva es la percepción del ciudadano ante estos acontecimientos y cómo afectan la opinión político-social.

Como sociedad, estamos ante factores como la poca tolerancia, la inseguridad, el alto desempleo, la sed de justicia y el creciente odio a las clases oligarcas, siendo muy similares a los que ya han vivido otros países que en su momento intentaron renovarse bajo otras corrientes políticas, pero que al final ‘el remedio resulto ser peor que la enfermedad'.

El debilitamiento de las instituciones del Estado se hace palpable y el drama parece no tener fecha de cierre. Novelas como ‘Yo no renuncio, ¿y tú?' en la Corte Suprema de Justicia, el ‘Narco que yo soñé', en la Asamblea Nacional y ‘Lentos pero inseguros', en la Presidencia de la República, nos mantienen atónitos y nos causan sinsabor.

El bombardeo de información negativa que circula al mismo tiempo con una línea editorial específica confunde a la población, ya que mientras escuchamos que ‘el narcotráfico penetró la Asamblea o la corrupción penetró la Corte Suprema', es contrarrestada con el ‘arresto de Pelenchín' o ‘la discusión de las diputadas Rodríguez vs Levy', llevando el interés de la audiencia al tema equivocado, que sin duda no tienen la preponderancia frente a estos sucesos que sí crean precedentes negativos, de gran alcance y que actúan en detrimento del crecimiento y la democracia de este país.

La población panameña está sintiendo una combinación de sentimientos que rayan entre ‘la insatisfacción por la gestión gubernamental como también la desidia y repudio a la clase política'. El sector financiero reclama a gritos el movimiento económico, mientras que los abogados y usuarios del sistema estamos lejos de sentir que hay justicia y que se están respetando las Garantías Fundamentales.

El respeto se hace menos y las autoridades que, en teoría, están aptas moralmente y capacitadas intelectualmente para darnos el ejemplo, nos enseñan hoy ‘lo que no debe hacer alguien cuando ocupe estos puestos', dejándonos claro que las escogencias fueron totalmente desacertadas y fallidas.

‘La falta de sinceridad política', sin duda es lo que más ha marcado en este periodo y se erige como virus, que ya se propagó y que muy probablemente mantenga a los ciudadanos fuera de la participación política, precisamente por las ‘promesas prometidas y no cumplidas'. Definitivamente es un virus que toca a cada partido político y que empieza a poner en riesgo las próximas elecciones.

Detenciones, presos, casas por cárcel, pinchazos, coimas y demás, saltan a la luz pública, dejando entrever una pasada administración corrupta, mientras que la actual es criticada por su omisión e inactividad en la ejecución de sus funciones. Dos panoramas totalmente distintos, pero que chocan entre sí, cuando la oposición empieza a mandar señales de alerta, de que los actos de corrupción vuelven como un espejismo, cayéndose el telón de un Gobierno inmaculado.

La ‘manipulación de la información' nos presenta una realidad distorsionada y eso tiene un costo a futuro. Lo que se ha mantenido es que la percepción de la ciudadanía está situada de forma negativa hacia la clase política venga de donde venga, y un ejemplo claro es que las caricaturas de hoy se enfocan en presentarles en forma de ‘ratas, puercos o gallinas'.

En estos tiempos difíciles es importante tener la sabiduría para reconocer y exigir cambios, alzando nuestra voz, despertando de esa inactividad social y política a la que estamos acostumbrados, lo cual ha permitido, en muchos casos, atropellos, quebrantamiento de las leyes e injusticia social.

Lo debe hacerse es una educación seria acerca de ¿qué es ser político? Empezando por explicarle al conglomerado que la política ‘es la única plataforma que realmente nos acerca a los más necesitados para poder ayudarles, porque ser político debe ser sinónimo de ayudar a los demás y no de ayudarse a sí mismo'.

ABOGADA