25 de Feb de 2020

Belisario Herrera A.

Columnistas

Relaciones que no deben interrumpirse

Conservo en la memoria el lenguaje agresivo que han empleado distintas administraciones norteamericanas

Conservo en la memoria el lenguaje agresivo que han empleado distintas administraciones norteamericanas, así como de sus más recalcitrantes ultraconservadores, desde el triunfo de la Revolución cubana que le puso fin al régimen sanguinario de Fulgencio Batista, quien tuvo la suerte de escapar con muchas maletas llenas de dinero, hacia República Dominicana donde lo esperaba con los brazos abiertos un régimen similar al suyo, pero dinástico de los Trujillo.

No sería difícil hacer un resumen repetitivo de cuanta injusticia han cometido EE.UU. contra Cuba a partir de que le impuso un bloqueo comercial y financiero y se aprobaron otras leyes, lesivas a su soberanía como la llamada de Ajuste cubano, agresivamente para embaucar a incautos con el llamado ‘sueño americano ' táctica que también surte sus efectos hacia otros países de América Latina que padecen enorme desigualdad social, pero en su aplicación hacia Cuba, se cumple en forma relámpago su estatus de residencia permanente, en ese país que se jacta de ser democrático.

Sin embargo, el tema que deseo abordar en esta ocasión, como lo sugiere el título de esta crónica, es referente a la visita reciente del presidente Barack Obama a Cuba, correspondiente en primer lugar al clima de restablecimiento de relaciones diplomáticas, tras casi sesenta años en que las mismas quedaron rotas y con una duración de 88 años en que un presidente norteamericano en el ejercicio del poder no visitaba a Cuba.

Son varios los artículos que he escrito celebrando este acercamiento entre dos Gobiernos, cuya permanente enemistad parecía irreconciliable. Claro que este acercamiento no ha surgido por combustión espontánea, hay toda una larga cantidad de factores en principal que ni EE.UU. ni Cuba pueden seguir manteniendo un lenguaje belicoso y virulento entre ambos, sí nos inclinamos a pensar en que por ambos debe imperar la razón, sin descartar la rancia política imperialista que es la misma que en los países se contravienen sus intereses.

Obama, por encima de sus posibles buenas intenciones, demostradas aparentemente en el restablecimiento de estas relaciones diplomáticas y de un diálogo en la búsqueda de solventar confrontaciones, considero que el actual mandatario estadunidense tuvo algunos pronunciamientos faltos de tacto en su discurso transmitido por radio y TV al pueblo de Cuba, en cuanto a sus palabras muy remarcadas de que el pueblo de Cuba y especialmente su juventud tendrían que buscar un cambio de sistema político, palabras más o palabras menos, a todas luces injerencistas. Por supuesto que esto provocó la ira del máximo dirigente de la Revolución cubana, Fidel Castro, con toda razón, porque nadie puede ir a mandar a casa ajena; pero, esta calamitosa circunstancia seguramente será superada, según intuimos por los medios de prensa dentro y fuera de Cuba.

ABOGADO Y PERIODISTA.