21 de Feb de 2020

Richard Morales

Columnistas

La batalla por el alma de Panamá

La importancia de los papeles de Mossack-Fonseca radica en exponer el más grande secreto a voces en Panamá

La importancia de los papeles de Mossack-Fonseca radica en exponer el más grande secreto a voces en Panamá: la oligarquía criolla ha acumulado su riqueza prostituyendo nuestra posición geográfica a los más sórdidos y corruptos intereses alrededor del mundo, manchando el nombre del país y deshonrado el legado de generaciones de panameños que lucharon por hacer de está una Patria digna.

Arropándose bajo un manto de falso nacionalismo, los ‘dueños de Panamá ' pretenden justificar su histórico entreguismo, dispuestos siempre a hacer el trabajo sucio para esos mismos capitales extranjeros que ahora les dan la espalda, comprometiendo a todo el país a razón de sus turbios negocios.

No se lo podemos permitir. Estando nuestro futuro en juego, tenemos el deber de luchar por recuperar la Patria de las manos de los corruptos que la tienen secuestrada.

El destino de Panamá está determinado por su posición geográfica, la cual puede estar al servicio del bienestar o despojo de los pueblos, disyuntiva en la cual nuestra élite, una clase gobernante sin proyecto de país, decidió vender el alma al diablo, subordinando el istmo a una red internacional de corrupción que genera riquezas saqueando los recursos de las naciones.

Convirtieron a Panamá en una plataforma de servicios transnacionales, un entramado de sectores conexos de servicios financieros, legales, comerciales, logísticos y de transporte, vinculada a las potencias económicas por una cadena de complicidades, que facilita y permite el ocultamiento y lavado de activos provenientes de actividades ilícitas, dentro del cual las sociedades anónimas y offshore son solo una parte del engranaje.

Es un negocio controlado por las minorías que monopolizan la zona de tránsito, las grandes familias de la oligarquía panameña, que les ha permitido en su papel de intermediarios forzosos acumular enormes fortunas, blanqueando los capitales extranjeros sucios en sectores como la especulación inmobiliaria y de tierras, construcción, zonas francas, comercio al por menor, casinos, casas de cambio y valores, infraestructura; creando la ilusión de auténtica inversión extranjera.

Somos un país que no produce, no educa, no innova, no atiende, y aun así crece; pero sobre la base de una prosperidad ficticia, una mentira sostenida por la corrupción de una mafia que se presta para lucrar con el robo, evasión fiscal, narcotráfico, contrabando, terrorismo, con lo que sea, siempre y cuando pague. Capitales que mantienen la fachada del Panamá de ‘primer mundo ', compuesto por rascacielos, hoteles de lujo y centros comerciales, edificados a expensas de las grandes mayorías que son abandonadas a una inhumana desigualdad; pero no solo en Panamá sino en todos los países que alimentan este sistema de despojo. Es un progreso manchado de sangre que encubre la realidad de miseria y violencia que deja a su paso.

Este esquema no está más allá de la ley, es la ley; estando estructurado jurídicamente dentro del Estado panameño y protegido por las cúpulas de la partidocracia. En otras palabras, es corrupción legalizada y legitimada, como legal podrá ser siempre lo que convenga al poder.

Hoy, la plataforma de servicios transnacionales está amenazada porque ha dejado de serle útil a las potencias. Como en toda mafia, las lealtades solo duran mientras sean necesarias. Ante este escenario, la oligarquía busca proteger sus intereses, tratando de arrearnos como ganado para que cerremos fila en defensa de sus negocios privados, camuflándolos bajo el manto del interés nacional. ¿Nacionalismo? No, es traición a la Patria de quienes la venden al mejor postor, de quienes escudan su maleantería tras el orgullo nacionalista de nuestro pueblo. Ellos nunca han tenido Patria, solo juran lealtad al capital.

La batalla por el alma de Panamá será definida por el rol que ocupemos en el sistema mundial. Nuestra es la decisión de permitirles mantenernos como un país cómplice de esa red internacional de corrupción o de atrevernos a romper con ellos de una vez por todas, para refundarnos como una república que pone su posición geográfica al servicio de lo más altos intereses de los pueblos del mundo, haciendo de nuestro istmo un ejemplo de dignidad para todas las gentes y naciones.

POLITÓLOGO