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21 de Jan de 2020

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Jorge Luis Macías Fonseca

Columnistas

La función de primera dama

Se entiende que las consortes de los mandatarios se ubican en el escenario político precisamente por esa condición

Se entiende que las consortes de los mandatarios se ubican en el escenario político precisamente por esa condición, esto no las hace necesariamente parte de las decisiones de Gobierno. Su actuación es más bien protocolar y su aparición pública en momentos muy puntuales. Desde luego, no es de criticar acérrimamente alguna acción de apoyo a causas nobles. Pero esa es una cosa y otra es la de asumir posiciones que puedan afectar decisiones que deben corresponder a estructuras administrativas legalmente constituidas por Constitución y por Ley. Cualquier acto que así se haga pudiera caer en usurpación de funciones.

Pareciera que el protagonismo de los mandatarios acompaña, de alguna manera, a las primeras damas. Y pareciera igual que la notoriedad es hartamente necesaria, pues lo contrario podría conducir a un ostracismo, lo cual no resulta rentable para los propósitos políticos de los gobernantes.

En Panamá, debe quedar clara la naturaleza y forma del llamado Despacho de la Primera Dama que, según entiendo, está adscrito al Ministerio de la Presidencia. Es menester conocer si constitucionalmente o legalmente tiene funciones administrativas, y si las tiene, cuál es su alcance, porque de no existir debidamente definidas por ley o cualquier otro instrumento legal, estaríamos ante una situación que puede crear conflictos y acarrear dificultades.

Desde luego, la presencia de las primeras damas le da un tono de mucha distinción al mandatario, porque además porta la imagen de la mujer, de la madre y de la esposa y eso es noble y muy correcto, principalmente en momentos en que la disgregación familiar es un problema en el país. La figura de una familia unida y con valores, como son la de los mandatarios, son ejemplos a emular en cualquier sociedad.

En Panamá, no cabe duda de que las primeras damas han jugado un papel protagónico. Unas más que otras. Recuerdo a doña Petita Saa de Robles como presidenta de la Cruz Roja de Panamá. En el pasado reciente el papel de una primera dama y el asunto de la inclusión de niños con discapacidad en los niveles llamados ‘normales ' del sistema educativo y desde luego otras con un papel menos visible, han hecho de ese despacho una instancia de poder dentro de cualquier Gobierno.

En Colón, en días pasados la sección de Laboratorios de la CSS, en la Policlínica Dr. Hugo Spadafora, limitó su atención a los pacientes a una cantidad de cupos en virtud de que se le habían asignado responsabilidades con pacientes de otra clínica del Seguro, ubicada en el corregimiento de Sabanita, para los efectos, según informan los funcionarios de levantar unas ‘estadísticas ' y por una llamada mora quirúrgica, acción cumplida —afirman ellos— por instrucciones del Despacho de la Primera Dama. Esto originó un conflicto, lo cual mereció la intervención de agentes de seguridad ante el disgusto y reproche de los pacientes y del jefe de laboratorios, quien instruyó a los quejosos a ir a la Presidencia, porque esa era una orden de allá.

Si es cierto lo planteado por los funcionarios, las preguntas que caben son: ¿existe o no una administración de la CSS?, ¿es facultad de un despacho ajeno intervenir en decisiones de la CSS?; y, ¿quién asume la responsabilidad de retribuir a los pacientes que tuvieron que acudir a clínicas privadas para hacerse sus exámenes de laboratorio?

DOCENTE UNIVERSITARIO.