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04 de Apr de 2020

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Redacción La Estrella de Panamá

Columnistas

El básico de César

‘Como sabían que los estudiantes íbamos a expresar nuestro descontento, no permitieron a más del 60 % votar'

Cuando todos disfrutábamos porque creímos que había cambiado la condición del menú en la cafetería del Centro Regional Universitario de Veraguas (CRUV), el día siguiente después de las elecciones, volvió el arroz peludo con el bofe guisado, que es lo común y frecuente que nos brindan. Los 30 días de cambio de alimentación distinta y mejorada, tuvo claros visos de campaña electoral y politiquería tradicional, con la que los malengreídos creen que compran la conciencia del pueblo, en este caso, abofeteando a la más sagrada de las esperanzas de la patria, como lo somos los estudiantes.

En la referida cafetería universitaria, las patitas guisadas, las salchichas guisadas, el mondongo guisado, el consabido bofe y el arroz de pensamiento (de cabeza de puerco), son la tónica diaria; lo que nos da una clara demostración del ‘amor ' que nos profesan las autoridades administrativas de la misma. Parece ser que a quien compra para la despensa de la Universidad le escasean los recursos o las triquiñuelas conocidas en nuestra patria le han enseñado con quiénes ‘ahorrar ' el menudo que le dan en el presupuesto universitario.

Nos tienen considerados el eslabón más débil de la cadena y es por ello que desde la alimentación al trato de nuestros diarios problemas son parte de la agenda de tercera categoría por quienes se eternizan en el poder y dejaron de tener cariño por nuestras necesidades. Los estudiantes nos quitamos la lacónica condición de no hablar y apostamos a un cambio, con la esperanza de que las cosas cambiaran y no solo cambiar de personajes. Y como nuestra voz se hizo escuchar en la marea de votos, la venganza no esperó 24 horas para obrar de golpe directo al estómago, porque existen a quienes no les importa quién es el hijo de tal o de cual.

En el CRUV no estudian los yeyesones de la provincia o del país. Ellos viajan con lujos y extraordinarias facilidades a Cambridge, Princeton, Oxford, Tulane u otras famosas universidades de ricos y famosos a donde las economías de nuestros padres no llegan, aunque pagan grandes impuestos a la Nación con la esperanza de que, al menos, en donde estudiamos nos traten como ciudadanos y no como seres de tercera categoría. Pero el trato recibido por personas que tienen nuestro mismo origen, es indignante. Ellos se sienten dueños de la cosa pública, como si con cada elección lo que obtuvieran es un principado o un sultanato.

La piscina, construida con muchos recursos públicos, es un sitio privilegiado para unos cuantos; para solicitar un aula de clases o un auditorio para nuestras actividades es todo un protocolo, eres predilecto si tienes un carné de partido político; los aires acondicionados de las aulas de clases, de a malas expelen un aire caliente; al Cidete, se le cayó el techo y fuera que es una trampa de muerte, está limitado. Los deportistas, con escasos instrumentos y sin buenos técnicos; la parte cultural y folklórica, carente de recursos para funcionar y ni siquiera se les ocurra solicitar apoyo en el transporte universitario, porque eso está para otras cosas.

La carencia de aulas o salones para recibir clases es por todos conocida, pese a tener amplio espacio para construir; existen catedráticos con privilegios, a los que solo se les ve firmando y en las fechas de cobro, lo que impacta en la moral de otros educadores y el estudiantado recibe una deformación de los valores de los cuales deben ser ejemplo desde las aulas de la Casa de Méndez Pereira. ¿Cómo se atreven a criticarnos constantemente sobre nuestros principios, si lo que vemos nos ofende y a quienes nos enseñan lo contrario, son aplastados por el sistema imperante?

Como sabían que los estudiantes íbamos a expresar nuestro descontento, no permitieron a más del 60 % votar, ya que no aparecieron en el padrón electoral, aunque estuviese al día en sus pagos, porque la ley del silencio tiene su sede en nuestro Centro Regional. Pero les avisamos a tiempo que ese sistema ya se acabó para nosotros. Se acabó el silencio, la complicidad y la indiferencia. Porque, como nos señala el papa Francisco: ‘A Dios le importa la humanidad, por lo que hay que vencer la indiferencia para conquistar el bienestar común y la paz '.

Por los estudiantes: Margareth Crespo/ Natanael García