Temas Especiales

02 de Apr de 2020

Benito Russo Gómez

Columnistas

Alagartamiento inmobiliario (I)

Todos estos males que aquejan a la ciudad simplemente los vemos como una falta de planificación de la urbe capitalina

Las quejas ciudadanas inundan los noticieros de los medios de comunicación nacionales por el desastres en que han convertido la Ciudad de Panamá. La gente no aguanta el caos que se en vive la ciudad.

Hay desbordamientos de alcantarillas, tanto en barrios exclusivos como en corregimientos de gente humilde. Nadie se libra de saltar y sortear charcos y corrientes de agua contaminada; sobre veredas y aceras cuando las hay.

En algunos casos, el peatón camina por el centro de las calles, exponiendo su vida a un atropello. Añádale a esto, olores nauseabundos, trozos de caca y micelios de papel higiénico usado; que navegan ampliamente por las calles.

Y ¿qué decir del agua potable? ¿Acaso a toda la ciudadanía y su periferia le llega efectivamente el vital líquido? Todos sabemos ya la respuesta.

La cosa se empeora en los tiempos de lluvia, cuando debe dar gracias a Dios si no se le inunda su casa; o si su automóvil no se ha queda varado en medio de una calle transitada e inundada hasta el tope.

Ni decir del bendito tranque que a toda hora, todos los días y todo momento, sufrimos los que viajamos de un extremo al otro de la ciudad para ir a trabajar. La población invierte más del veinte por ciento (20 %) del tiempo diario en transportarse, gracias a los tranques vehiculares.

Pero la cosa no queda ahí si de estacionamiento se trata. No encuentras estacionamiento donde dejar tu carro. Y si lo encuentras, es con el riesgo de robo, choque, raya o que desaparezca el radio o cualquier pertenencia ‘mal puesta ' dentro del auto.

Además, para colmo de males, en la ciudad se va la luz constantemente por razones muy simples y sencillas, pero que nunca sabrás la verdad. Tal vez puede ser que próximamente tengamos un racionamiento disimulado de energía o de agua; por lo que pintan los efectos del cambio climático.

Y amén del transporte público que martiriza al sector más productivo de la ciudad. Este satánico sistema de transporte obliga a madrugar cuando ni el sol piensa salir. A esas horas, esperas un transporte público que a duras penas te hace llegar a tiempo al trabajo, para luego hacerte llegar demasiado tarde a tu casa. Y así, te quita el privilegio, como padre, de ver crecer a tu familia.

Todos estos males que aquejan a la ciudad simplemente los vemos como una falta de planificación de la urbe capitalina... Y eso puede ser verdad. Pero ¿quién va a planificar qué, cuando la teoría de algunos es que el mercado manda? ...

INGENIERO AGRÓNOMO AMBIENTALISTA.