• 30/11/2025 00:00

Perspectivas sobre el momento geológico que vivimos

A principios de marzo de 2024, un panel de expertos de la Comisión Internacional de Estratigrafía (ICS) votó para resolver una cuestión que había intrigado a los geólogos durante años: ¿vivimos en el Antropoceno, la «era humana»? El resultado de la votación fue un claro no. En el ámbito de las disciplinas geológicas, el debate que se prolongó durante décadas prácticamente ha terminado.

Sin embargo, el término Antropoceno se ha arraigado profundamente en la imaginación colectiva y no desaparecerá fácilmente. El Antropoceno es un prisma a través del cual podemos examinar la multifacética historia de las actividades humanas en este planeta y el espectro de nuestras futuras posibilidades.

La idea de que los seres humanos alteran el planeta tiene raíces profundas. El diplomático y filólogo estadounidense George Perkins Marsh propuso en “El hombre y la naturaleza” (1864) que la humanidad se había convertido en una fuerza geológica, a la par de las fuerzas más poderosas de la naturaleza. El término Antropoceno fue propuesto por Paul Crutzen y Eugene Stoermer en el año 2000, en el campo multidisciplinario de las Ciencias Geológicas. En un ensayo, señalaron que, “considerando estos y muchos otros impactos importantes y cada vez mayores de las actividades humanas sobre la Tierra y la atmósfera, y a todas las escalas, incluyendo la global, nos parece más que apropiado enfatizar el papel central de la humanidad en la geología y la ecología proponiendo el uso del término Antropoceno para la época geológica actual. Los impactos de las actividades humanas actuales continuarán durante largos períodos”.

En la definición estratigráfica oficial de las épocas, debe establecerse un punto de partida preciso. Cada época comienza y termina en un momento definido. Además, debe encontrarse un marcador geológico, en un momento y lugar específicos. Para la época actual del Holoceno, el marcador se basa en un cambio en los valores de exceso de deuterio, y la ubicación principal es un sondeo en Groenlandia.

Sin embargo, para que el Antropoceno pudiera siquiera optar a la votación de la ICS, habría que tomar una decisión similar. Existían varias candidaturas: el intercambio colombino, la Revolución Industrial o la “Gran Aceleración” a partir de la década de 1950. El Grupo de Trabajo del Antropoceno eligió las primeras pruebas de bombas atómicas como hito y el lago Crawford en Ontario, Canadá, como el lugar donde se produjo el “marcador geológico”. De cualquier forma, la propuesta fue rechazada en marzo de 2024, aunque técnicamente podría nuevamente presentarse para consideración en una década. Lo cierto es que, por ahora el debate ha terminado y en términos estratigráficos, todavía vivimos en el Holoceno.

Sin embargo, nadie puede evitar que el término Antropoceno siga vigente y la acción humana en todos los aspectos del planeta siga muy presente. Diversos investigadores que destacan la transposición de la vida humana con la tecnología han defendido el término “Tecnoceno”. La reconocida académica feminista Donna Haraway y la antropóloga Anna Tsing, autora de “El hongo al final del mundo” (2021), han señalado la importancia de las plantaciones en la historia colonial, proponiendo el término “Plantacionoceno”. No cabe duda que el Antropoceno es un evento que ha perdurado durante milenios y que aún continúa. Vivimos inmersos en un proceso continuo que presenta múltiples corrientes y adoptará formas nuevas y sorprendentes (y quizás más terribles) en el futuro.

Ninguno de los caminos hacia el futuro está exento de problemas, porque la herencia histórica es pesada. Se ha causado mucho daño, y tenemos que vivir con ello. Algunas cosas se han perdido irrevocablemente, y muchas otras se perderán, incluso en el mejor de los escenarios posibles. Ya sea que el futuro nos depare un mundo mejor o peor, es necesario superar un cuello de botella histórico y mundial. Cada día se toman decisiones sobre el planeta que habitaremos los humanos en el futuro.

Pero el futuro es extenso. Si las sociedades humanas actuales logran organizarse, durante las futuras etapas del Antropoceno, el planeta podría ser un lugar mejor para vivir que ahora. Podría tomar siglos, y el resultado no será un regreso al pasado, sino un mundo radicalmente transformado. La clave reside en si los humanos y otras criaturas aún pueden encontrar un mundo donde prosperar y crear futuros siempre nuevos.

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