• 30/11/2025 00:00

¿Amanecerá y veremos en Venezuela?

Hace unos meses, un buen amigo me comentó, con una convicción casi plena, que a más tardar en septiembre Estados Unidos bombardearía Venezuela y, por esa vía, acabaría con el régimen de Nicolás Maduro. Yo no lo contrarié, pero sí le expresé mis dudas sobre esa acción y, mucho más, sobre el plazo que mencionaba. Bueno, ya se va a acabar noviembre y seguimos en la misma situación; para ser justos, hay uno que otro destructor y portaaviones más, con sus respectivos aviones, pero todo sigue igual.

Muchos panameños piensan que la superpotencia podría ejecutar una invasión similar a la realizada en Panamá a finales de 1989, sin tomar en cuenta que la geografía de ambas naciones no es comparable, ni tampoco su poderío militar se asemeja. Además, existen varias otras diferencias entre ambos países, más allá de que hablemos parecido.

En mi conversación con este apreciado amigo, le preguntaba: ¿por qué EE. UU. querría arriesgar, en un año electoral —sus próximas elecciones son en noviembre de 2026—, perder unidades de sus fuerzas militares por el simple hecho de “liberar a Venezuela”?

Obviamente, surgieron varias respuestas. La primera es la que alega el mandatario estadounidense: la necesidad de luchar contra un narco-gobierno. Y muchos se preguntarían si no sería más fácil y económicamente conveniente librar una lucha frontal contra los usuarios de estas drogas en su propio territorio, en la parte norte del continente.

O, más fácil todavía, implementar lo que en la lucha contra la corrupción se denomina follow the money, o dar seguimiento al dinero, y llegar así al sistema bancario que recibe y limpia el dinero sucio. Eso, obviamente, no resulta muy conveniente, pues sacaría de la economía nacional una gran porción del dinero proveniente de este ilícito negocio.

Otro tema que siempre se ha mencionado es: ¿cuál sería la posición de las otras dos superpotencias, Rusia y China, grandes aliadas de la dictadura venezolana?

Aparentemente, China hizo en Venezuela lo mismo que en EE. UU.: comprar una gran cantidad de la deuda de esa nación suramericana y, por ende, los tiene “agarrados por las greñas”, por decirlo de una manera no tan popular.

China, al igual que Rusia, ha “vendido” una gran cantidad de armamento al gobierno de Maduro, el cual ha sido cancelado con bienes que estos países requieren.

Me da la impresión, entonces, de que una posible invasión a Venezuela podría implicar un costo en equipo militar y en vidas humanas muchísimo más alto que lo que ocurrió en Panamá.

Hay otra nación que muy poco se menciona y que puede aportar tanto preguntas como respuestas, sobre una posible invasión. Todos sabemos que muchos de los estamentos venezolanos han sido cooptados y son manejados hoy por cubanos que actúan como si fueran los dueños del país, llegando incluso a decidir quién entra y quién sale. Si todo esto lo sumamos, no descartamos una posible invasión en la cuna de Bolívar, pero no estoy seguro si el despliegue militar en el Caribe está sirviendo para otros menesteres, más que preparar una invasión.

Ahora, desde mi balcón, me surgen varias interrogantes en caso de que Maduro fuera depuesto, derrocado, renunciara o cualquiera que sea la figura que se vaya a esgrimir. Estas interrogantes van desde quién gobernaría, porque siento que la justa dirigente debería ser María Corina Machado (qué gran error cometieron los vecinos cuando tuvieron la oportunidad hace algunos años y no la eligieron). Sin embargo, el presidente constitucional es Edmundo González, quien aparenta estar un poco “cansado” para ejercer el cargo, a mi parecer. Por otro lado, queda la duda de si las fuerzas policiales y las fuerzas armadas se someterían a las autoridades civiles, después de tantos años en los que han pelechado del gobierno y del narcotráfico.

Y, solo por mencionar uno más, ¿qué pasará con los grupos paramilitares que han sido equipados con armas por la dictadura? ¿Cómo se manejará la brecha de clases sociales que fue el elemento utilizado por el dirigente original, Hugo Chávez, cuando ganó las elecciones?

Al igual que muchos panameños que pensaron que todo sería tan simple como apagar y encender el interruptor —y se equivocaron—, ¿habrán aprendido la lección los hermanos venezolanos?

Lo Nuevo