Temas Especiales

30 de Mar de 2020

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Julio César Caicedo Mendieta

Columnistas

El sudor en la frente de un niño

Mejor quiero resaltar la importancia del trabajo en la formación de un niño y lo hago porque tengo la experiencia

En este tema no me voy a referir a ninguno de las 215 millones, víctimas del trabajo infantil en el mundo, para eso les pagan muchos millones de dólares a los que dicen que trabajan en esos menesteres. Mejor quiero resaltar la importancia del trabajo en la formación de un niño y lo hago porque tengo la experiencia.

No es que me crea más, pero estoy seguro de que soy un hombre viejo del montón, alentado y diferente, sin mucho poder y poco conocimiento como para preparar un alijo de ideas para un pueblo como Panamá, con mucha gente ávida de sustancia, que poco recibe. Yo pienso que cuando los niños trabajan aprenden adquiriendo muchos valores, entre ellos la responsabilidad y la honradez. Los que hablan de la educación del país deben poner cuidado en la importancia del trabajo.

Miren, cuando no se le asignan trabajitos a los menores en sus casas, como barrer el patio, recoger el excremento del perro y bañarlo cada quince días o, no se les compromete una responsabilidad de acuerdo a su edad, como mantener las botellas llenas de agua en la refrigeradora y pueda que aprendan muy tarde la importancia de la disciplina y cierto orden en sus vidas que comienzan y podrán sufrir más de lo necesario terribles tropezones arranca uñas en sus periplos.

Uno de los errores graves de gran parte de la actual sociedad istmeña, es decir a toda boca: ‘Le voy a dar a mis hijos lo que nunca tuve '. Craso error.

Si desde pequeños los críos ven a las vacas cayendo del cielo sin justificación alguna, serán mal acostumbrados, perjudicados y tendrán mella en el futuro. Ellos necesitan una explicación de por qué reciben cosas, ya sea porque se han portado bien, porque leyeron y comentaron los libros que les compraron y porque todo pela'o debe saber que las cosas cuestan.

Más bien los padres debiesen decir: ‘Yo le voy a enseñar a mis hijos lo que mis padres no pudieron enseñarme cuando yo era un chiquillo '.

Ponemos por caso el hábito de la lectura y predicar con el ejemplo como no presentarse jamás borracho a la casa ni pegarle a la mujer. En cada hogar debiese existir un pequeño huerto, aunque sea colgante, para compartir el trabajo y la responsabilidad.

Las maldiciones que gritan los ‘ninis ' de hoy cuando no hay sopa en la olla, es porque en su niñez no les despertaron la vocación por el trabajo. Yo me regocijo cuando veo a los pela'os trabajando en los supermercados y hasta los estimulo.

Contradigo al dominicano que compuso el famoso merengue: ‘El trabajo lo dejó DS como castigo '.

ESCRITOR COSTUMBRISTA.