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25 de Oct de 2020

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Genaro López

Columnistas

Derroche de recursos del pueblo

Una situación desesperante viven miles de panameños que ven cómo se deteriora su calidad de vida, mientras el Gobierno se burla e irrespeta

Una situación desesperante viven miles de panameños que ven cómo se deteriora su calidad de vida, mientras el Gobierno se burla e irrespeta. Los hechos saltan a la vista: cenas, cumbres, videos (Enrique Iglesias), licores, viajes, viáticos exorbitantes, y hasta nos llevamos el record del sostén más caro del mundo. Es decir, prima en la gestión gubernamental el derroche de los recursos del pueblo trabajador que, como ha quedado comprobado, es el único que paga impuestos.

En las últimas semanas, medios de comunicación social daban cuenta de onerosas partidas para viajes y viáticos de altos funcionarios, solo el Ministerio de la Presidencia reportaba en lo que va de la administración Varela, B/. 1.3 millones (565 mil balboas en la compra de pasajes y 809 mil en la distribución de viáticos). Estos costos no incluyen al presidente, que lleva ya 40 viajes ni a la primera dama. La Cancillería no se queda atrás con B/. 1.7 millones.

Por otro lado, la última extravagancia de las ‘donaciones ' de Taiwán ha sido la campaña de la Cinta Rosada, cuando se colocó una lona rosada sobre el monumento natural de la India Dormida en El Valle de Antón, con la excusa de la primera dama de llamar la atención sobre la necesidad de luchar contra el cáncer de mama, en un país donde se carece de mamógrafos para hacer los exámenes y esos fondos hubieran ayudado mucho a aliviar el problema de salud que sigue creciendo. Según Varela el costo fue de 300 000 balboas. Pero, además, la ocurrencia de la primera dama le ha valido airadas críticas por los daños ambientales que ha causado en esa zona protegida. Un ejemplo de hasta dónde puede llegar el interés mediático de los gobernantes por superar los pésimos resultados de las encuestas sobre su gestión.

El derroche constituye un despilfarro, un gasto excesivo e innecesario. El derroche es parte de la corrupción, por ende cuando se derrochan los recursos públicos alguien asume el costo.

Mientras el derroche se incrementa, los hospitales del país carecen del instrumental quirúrgico, de medicamentos, la infraestructura está deteriorada; los planteles educativos son claras trampas de muertes ante el deterioro de su infraestructura, se mantienen escuelas y salones ranchos, la carencia de material didáctico para el proceso enseñanza-aprendizaje es prácticamente nulo, los laboratorios carecen de los insumos necesarios, a cientos de educadores se les adeuda su remuneración; la infraestructura vial llena de verdaderos cráteres, cientos de comunidades carecen de caminos de acceso y los puentes constituyen un peligro para la vida; se recortan las partidas presupuestarias a varios programas sociales. O sea, es el pueblo quien asume el costo del derroche gubernamental.

Es decir, son dinero que se dejan de invertir en resolver las necesidades más sentidas de la población. Son fondos que ayudarían a salvar vidas, a curar enfermedades, a mejorar la educación, a dotar de agua potable a muchas comunidades, a proteger el ambiente, a asegurar comida barata, vivienda y recreación sana a todos los panameños. El pueblo solo ve que en medio de millones de balboas las soluciones a los problemas sociales no llegan.

Esta conducta, que ha sido práctica de todos los Gobiernos desde la vida republicana del país, sigue en ascenso. Ante esta realidad, es la hora de la organización y lucha frente a esta vergonzosa e indigna conducta de los Gobiernos, es necesario sustentar la recuperación de la legalidad y de la legitimidad en un nuevo Contrato Social del cual emane el sistema jurídico, político e institucional; siendo ello solo posible a través de una Constituyente Originaria con plenos poderes, autoconvocada, que funde una nueva República de bienestar, progreso, solidaridad, plena soberanía, auténtica democracia y oportunidades reales para todos los panameños.

SECRETARIO GENERAL DE CONUSI-FRENADESO.