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25 de Oct de 2020

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Julio Bermúdez Valdés

Columnistas

¿Qué ofrece el NO para que la paz sea posible en Colombia?

‘No es lo mismo negociar sin armas, que hacerlo con una pistola en la cabeza, y el NO la ha mantenido, sin que por ahora se vislumbre salida alguna '

Aun cuando las respuestas al ¿qué pasó? o al ¿cómo fue posible?, las causas y lo vinculante o no de un plebiscito con los acuerdos de paz votados este domingo 2 de octubre en Colombia, podrían enriquecer la literatura sobre cómo pegarse un tiro en la cabeza en lugar de deshacerse del arma, la discusión ahora se centra en qué significa el triunfo del NO, si la paz será posible o si definitivamente sigue la guerra.

No le encuentro sentido a llover sobre mojado sin referirse a una realidad que no va a cambiar por muchos análisis que se hagan: el NO ganó, y de ello se desprenden consecuencias jurídicas y políticas. Por lo pronto el presidente Juan Manuel Santos no podrá implementar el acuerdo de 297 páginas, resultante de cuatro años de negociaciones, y ese extraordinario colombiano llamado Humberto Lacalle puso a disposición del presidente Santos su cargo de jefe negociador.

Bien, el NO ganó. La pregunta que sigue, si es que hay interés en parar la guerra, es ¿se puede lograr con las FARC un acuerdo mejor que el que había logrado Santos? O ¿habrá que descartar ahora un proceso negociador con las FARC para continuar la guerra hasta derrotar militarmente a la guerrilla?

Santos logró sentarse con las FARC, negociar, producir un acuerdo y firmarlo en medio de un alto al fuego bilateral, que en los últimos meses bajó significativamente los índices de violencia en el hermano país. Si no era esa la paz que querían los seis millones que votaron por el NO, ¿cuál es la que se desea?, o mejor todavía, ¡si esa no era paz!, ¿cuál es la paz posible?

Esa es la respuesta que Colombia y el mundo esperan ahora, a menos que se incurra en una ambivalencia como la del mariscal italiano Petro Badoglio que, 18 meses antes de que acabara la Segunda Guerra Mundial, firmara un armisticio con los aliados, pero le ordenara a la tropa italiana disparar contra quien sea.

Si no valen o no sirven los acuerdos de Santos/FARC, ¿qué es lo que se ofrece que haga posible parar ese indetenible hilo que lleva manando riachuelos de sangre hace más de medio siglo? Si hay algo que ha logrado el NO, es tener la responsabilidad de esa perspectiva.

Las FARC parecen decididas a dejar las armas. Desde La Habana, sus dirigentes han dicho que no renunciarán a la palabra como su nueva arma de lucha, pero si lo que los partidarios del NO solicitan no habilita los acuerdos, lo más seguro es que los colombianos sigan inmersos en la tragedia de la guerra.

Desde la tregua con el Gobierno de Virgilio Barco y más tarde con el de Andrés Pastrana, los esfuerzos por la paz en Colombia se han ido postergando por una razón u otra, por un pretexto u otro; cobrando nuevas y más muertes, y este domingo 2 de octubre, cuando todo parecía indicar que la paz estaba en la palma de la mano, la posibilidad se esfumó como un imposible.

¿Cuál es la salida? ¿Derrotar militarmente a las FARC? ¿Es eso posible? ¿Estaría dispuesto EE.UU. a arriesgar, como hasta ahora, su apoyo al Estado colombiano por unos años más de guerra? Esa es una propuesta que lleva 52 años, y las FARC, una vieja guerrilla que en cinco décadas ha demostrado una alta capacidad de adaptación a los nuevos escenarios. Es complejo el escenario que se avecina para Colombia. No es lo mismo negociar sin armas, que hacerlo con una pistola en la cabeza, y el NO la ha mantenido, sin que por ahora se vislumbre salida alguna.

PERIODISTA