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30 de May de 2020

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Julio César Caicedo Mendieta

Columnistas

Colombia, peor que los EE.UU. con nosotros

A Colombia no se le ha sanado la herida por la separación de Panamá

A Colombia no se le ha sanado la herida por la separación de Panamá. Sus habituales y recientes actitudes negativas con nosotros así lo demuestran, a ellos no les ha bastado la suma de actos de afirmación nacional de Panamá como los ocurridos en 1830, 1831, 1840, 1855, 1861 y finalmente en 1903. Para ellos nuestro anexo voluntario en 1821 les dio el título eterno de propiedad sobre nuestro territorio y sus ventajas, grave error, pero bonito sueño que aún los mantiene cometiendo desaciertos como el negarse a aceptar fallos de la Organización Mundial de Comercio.

Una de las peores acciones de Colombia contra la integridad de Panamá fue la de violar los límites fronterizos establecidos por la Corona española. Nos robaron, se quedaron con Juradó después de invadirlo con sus espadones y látigos ‘matanegros', un territorio bellísimo, un poquito más chico que la provincia de Coclé, con grandísimas facilidades para desarrollar infraestructuras importantes para el comercio y beneficio de los hoy habitantes de Juradó que viven a orillas del Pacífico en un olvido y atraso peor al que nos tuvieron sumidos los colombianos por 82 años. Tanto así que un diputado istmeño, en aquellos tiempos aciagos, les espetó en sus caras: ‘El que quiera conocer a Panamá, que venga porque se acaba'.

Los gringos, sin embargo y a pesar de lo que digan las actuales mentes tabuladas de los izquierdistas criollos, no permitieron que los paisas impusieran la línea fronteriza a orillas del canal; sí, esos utilitaristas centralistas querían la frontera colombiana en Boca La Caja. —Léanse el ensayo Consideraciones histórico-políticas sobre el Tratado Urrutia-Thompson del finado patriota Carlos Iván Zúñiga.

Los colombianos exhibieron el colmo del cinismo, EE.UU. tuvo que pagarles el representativo de 30 monedas judaicas como reparación, después que financiaron sus hábitos genéticos de guerra, con los jugosos impuestos por los juegos azar panameños. Panamá recibió a miles de consumidores: europeos, asiáticos y gringos enloquecidos por el oro californiano.

Los colombianos no cambiarán nunca, sus cerebros borrachos para derramar su propia sangre no se los permitirá, han sido condenados a matarse entre hermanos aún con los bolsillos repletos de escapularios.

No olvidaré jamás aquella vez que el nobel Gabriel García Márquez visitó la Universidad de Panamá y le tocó a un periodista de televisión preguntarle: ‘¿Por qué Ud. no reside en Colombia?', y el nobel le contestó: ‘¡Para vivir en Colombia hay que tener huevos!'.

ESCRITOR COSTUMBRISTA.