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18 de Apr de 2021

Daniel Delgado-Diamante

Columnistas

Prepararnos para enfrentar desastres naturales

Aunque son vistos por muchos como algo distante, los desastres naturales pueden ocurrir en cualquier momento

Prepararnos para enfrentar desastres naturales
Prepararnos para enfrentar desastres naturales

Cada vez que una amenaza de catástrofe ocasionada por la naturaleza pone en riesgo o finalmente afecta a miles de vidas en nuestro país, surge la pregunta: ¿estamos preparados, Gobierno y sociedad, para prevenir o afrontar los daños? Lo ocurrido en Panamá y en la región centroamericana en las últimas semanas con la tormenta tropical Otto, demuestra que el poder destructor de la naturaleza traspasa ciudades, países y regiones, provocando daños de proporciones inimaginables.

Es cierto que la asistencia nacional e internacional en casos de desastres naturales se ha consolidado como una herramienta de la política exterior de muchos países, especialmente de las potencias que con grandes recursos y organización procuran paliar el sufrimiento de los familiares de las víctimas.

Aprovechando la amplia cobertura mediática y el sentimiento de dolor que ocasionan las tragedias naturales, los países se adelantan a mostrar sus contribuciones en ayuda de los países afectados. La ayuda en tiempos de desastres, establece vínculos humanitarios entre Gobiernos y pueblos, lo que puede contribuir a mejorar las tensiones de las relaciones en donde ellas no son totalmente favorables.

Panamá, por su posición geográfica ubicada en el centro y cintura del hemisferio, se ha constituido como el lugar ideal desde el cual desplegar ayuda humanitaria en casos de desastres. Al respecto, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), ha establecido aquí el Centro Logístico Humanitario que está preparado para acudir en ayuda de los países afectados por los eventuales desastres naturales en Latinoamérica. Cuenta con sistemas de monitoreo de la situación de los países de la región y realiza ejercicios de prevención y coordinación de la ayuda.

Aunque son vistos por muchos como algo distante, los desastres naturales pueden ocurrir en cualquier momento. Es por ello que tanto los Gobiernos como la sociedad civil deben estar preparados: no es suficiente contar con infraestructura para reparar el acceso a los servicios básicos afectados, sino que la protección de las personas asume especial importancia. Es fundamental instruir a los ciudadanos sobre cómo manejar las emergencias, particularmente en sus etapas iniciales, pues ante una desgracia los organismos de ayuda y las llamadas Fuerzas de Tarea Conjunta (FTC) no son suficientes. Con la preparación para desastres podemos trabajar una respuesta más eficaz y rápida.

Nuestro país cuenta con el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc), un grupo de personas del sector público y del sector privado que hacen planes y programas a fin de efectuar acciones coordinadas, destinadas a la protección contra los peligros que se presenten y a la recuperación de la población, en la eventualidad de un desastre.

A veces los fenómenos naturales pueden golpear muy fuerte y ocasionar desastres, si no se han tomado medidas preventivas o si, ciertas actividades humanas han afectado el medio ambiente o han alterado la normalidad del ecosistema. La gente puede agravar la situación, por ejemplo al talar árboles y no reforestar, esto provoca la erosión.

El mayor riesgo está en las personas, en cómo actúan de manera irresponsable. Desde las primeras lluvias hemos visto drenajes y quebradas obstruidas por basura. Se han encontrado estufas, neveras, colchones y otros objetos que obstaculizan las corrientes de agua. Debe existir un programa gubernamental de mantenimiento de las vías, alcantarillas y drenajes de forma permanente. No esperar que ocurran los desastres para accionar. Inclusive es mucho más económico prevenir que asumir el costo de las grandes pérdidas ocasionadas por los desastres naturales.

Es importante establecer líneas de acción en las comunidades proclives a estos desastres para que sepan qué hacer o a quién recurrir. Los planes de contingencia bien elaborados y dotados de personal y recursos ayudan a disminuir el impacto de los calamidades en las comunidades.

‘Panamá necesita una cultura de prevención y la única forma de intervenir en esto es con la educación... Si en el área educativa incluimos la gestión de riesgo, vamos a tener cuencas y ríos mucho más protegidos, planes de emergencia y áreas más seguras', expresó atinadamente José Donderis, director general del Sinaproc.

La concienciación ciudadana, el respeto por el medio ambiente y reconocer que los recursos naturales no son infinitos, son parte de la solución. Si destruimos porciones de la naturaleza, como los arrecifes de coral, los bosques o las frágiles plantas de montaña, estamos destruyendo las barreras naturales que nos protegen de tsunamis, sequías, deslizamientos, inundaciones y otras amenazas. Debemos prepararnos para enfrentar los desastres naturales. La educación de la gente es la mejor respuesta social. Así sea.

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