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18 de Oct de 2019

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Roberto Ruíz Díaz

Columnistas

‘Cuentos chinos'

¿Por qué? Porque ahora decidimos de un día para otro que solo hay una China.

No me voy a referir al libro de Andrés Oppenheimer, aun cuando en dicho texto hay referencias que pueden ser aplicadas a este escrito. Lo cierto es que me voy a referir a la abrupta forma en que el Gobierno rompe relaciones con Taiwán, y digo el Gobierno, porque la población no fue consultada y ni siquiera los representantes del pueblo, que están en la Asamblea Nacional, la cual por disposición constitucional, en su artículo 159, numeral 3, habla de que los tratados y convenios serán aprobados o desaprobados por ellos, antes de su ratificación.

En medio de noticias del rompimiento de las relaciones diplomáticas de Emiratos Árabes, Egipto y Kuwait con Qatar, por poner en peligro su seguridad por supuestamente apoyar al Estado Islámico, el lunes 12 de junio en medio de la expectativa de la detención del expresidente Martinelli en Miami, se anunció el rompimiento con efecto inmediato de las relaciones que por 100 años había tenido con Taiwán, y se adoptaba el discurso de una sola China que abandera la República Popular China.

Esto suena como si Corea del Sur igual diga, que solo hay una Corea, o bien que le digamos a los palestinos que deben formar parte de Israel, o los Árabe Saharaui que abandonen su lucha por la autodeterminación de sus pueblos. Palabras más o palabras menos, se impuso el imperio, no el norteamericano sino el asiático, el cual por años ha reclamado, como lo hizo con Hong Kong, que Taiwán y su gran desarrollo económico e industrial pase a ser parte de su territorio. No voy a hablar de política de chequeras, como algunos acusan injustamente a Taiwán, pues si de eso se trata los chino populares tienen mucho más y lo están usando. Lo viví como embajador en Ecuador, donde endeudaron ese país a cambio de petróleo crudo, incluso a mí me visitaron con proyectos de puertos y les pregunté a cambio de qué y me dicen de tener relaciones diplomáticas, porque las grandes empresas todas son del Estado y el Estado no invierte donde no tiene relaciones diplomáticas.

Que Panamá era la joya más preciada de los países que reconocían a Taiwán, se sabía de ante manos. Los chinos, contrario a lo que piensa el sector empresarial solo beneficia a ese sector, no al pueblo. El panameño de a pie va a resentir esa ola de nacionales chinos que producto de convenios y tratados de libre comercio llegarán a Panamá. Y aquí hay que ser claro, Panamá no gana nada con esta nueva relación, no tenemos la capacidad de autoabastecernos de productos básicos agropecuarios, vamos a tener para suplir la demanda de mil millones de chinos.

Recuerdo como embajador en Rusia, en una visita a Vladivostok, un empresario del área, me consultó el ver la capacidad de suplir un pedido de ellos de cien mil toneladas de maíz y le dije que ni juntando la producción de Centroamérica podíamos cumplir con esa cuota mensual. Eso va a ocurrir, nosotros no tenemos nada que exportar a China, ellos sí pueden llenarnos de productos e inundar, por medio de la Zona Libre, los mercados vecinos, afectando la producción nacional de esas naciones. Ojo, estoy viendo lo que puede suceder y quizá suceda, y puede abrirnos frentes de conflicto con otros países, en una guerra de aranceles. ¿Por qué? Porque ahora decidimos de un día para otro que solo hay una China.

En el interior cuando te echaban cuentos de brujas o cosas que eran mentira, decían, ‘esos son cuentos chinos'. Ahora la realidad se aproxima, cuando vemos que en la Línea 3 del Metro hay como cuatro consorcios y todos chinos. Recuerden lo que dije arriba, ellos invierten donde tienen relaciones diplomáticas, de ahí que ese cuento chino de la única China no va conmigo, aquí hay algo más, que solo juega para la estadística de que tenemos un PIB alto.

A Taiwán, a mí me toca, por cortesía, como se lo mencioné a varios amigos diplomáticos de ese país, agradecerles estos 100 años de lealtad, de apoyo, de cooperación, de saber entender y ser recíprocos cuando hemos necesitados de ellos. Para mí no fue la forma diplomática de decirle adiós a un amigo, los hemos tirado a la calle sin aviso previo. ¿Qué costaba decirles amigablemente la decisión soberana?, nada. Ellos en su interior siempre supieron que esto podía pasar, pero sinceramente, me comentan, no la esperaron de este presidente, a quien, como vicepresidente, lo recibieron y atendieron, aun después de rota la alianza del Gobierno de Martinelli.

Ahora nos tocará escuchar más cuentos chinos y en chino mandarín, que quizá nunca podamos entender, pero a un amigo, a un aliado y sobre todo a una nación que busca, con todo su derecho, la libertad de poder existir como tal, le deseo la mejor suerte y ojalá lo logren, porque yo a la China que no respeta los derechos humanos, la prefiero seguir viendo desde lejos.

Así veo las cosas y así las cuento.

ABOGADO, EXEMBAJADOR.

‘... a un amigo, a un aliado y sobre todo a una nación que busca, con todo su derecho, la libertad de poder existir como tal, le deseo la mejor suerte y ojalá lo logren'