La Estrella de Panamá
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14 de Oct de 2019

Teresa de Alfaro

Columnistas

Panamá, mosaico de inclusión y diversidad

Esto ya ocurrió en Panamá.

Como panameño, ¿cuántas generaciones puedes irte para atrás en el tiempo sin encontrar un extranjero que llegó a Panamá en busca de una vida mejor? Y, si estás leyendo este artículo, probablemente es porque extranjeros y panameños formaron sus familias, tan diversas como los colores del mar.

Vinieron muchos (en realidad nunca han dejado de llegar) y miles más eran los que ya estaban, produciéndose una mezcla de etnias, razas y culturas inigualable. Y entre todos construimos el Panamá de hoy, con lo bueno y con lo malo: un país de renta media, con un una economía boyante durante los últimos diez años, pero, con unos niveles de desigualdad inaceptables.

Hace unos días estuve escuchando al Dr. José Antonio Alonso, catedrático y especialista en cooperación internacional. Hablaba de que la cooperación internacional deja de apoyar económicamente a los países de renta media. Y esto porque considera que el propio Estado debe tener la capacidad de generar los recursos y las políticas públicas necesarias para promover el desarrollo sostenible y solucionar las desigualdades existentes en su territorio. Esto ya ocurrió en Panamá.

No obstante, dejar todo el peso al Estado no sería coherente con los principios del desarrollo sostenible, donde el compromiso de cada actor de la sociedad cuenta. En este sentido, para asegurar el crecimiento de la economía y su propia sostenibilidad, el sector privado debería ser un canal para proveer soluciones a esas desigualdades, a partir de su negocio y sin dejar de hacer negocio.

Cada vez que una empresa se compromete con la inclusión de personas con discapacidad y las contrata de forma recurrente, familias enteras pueden salir de la pobreza; cada vez que una empresa revisa su cadena de valor y detecta oportunidades de negocio con poblaciones indígenas, abre la puerta a la permanencia de estas comunidades en su lugar de origen con una vida digna.

Cada vez que una empresa establece políticas que promueven la equidad de género, buscando la equiparación de salarios, la igualdad de oportunidades y la conciliación entre la vida personal y profesional, da un ejemplo de garantía de los derechos humanos, a la vez que obtiene los beneficios económicos de las empresas equitativas.

Y lo bueno del caso es que, estos criterios de inclusión y diversidad, además, generan innumerables beneficios internos, a veces tangibles, y otras veces intangibles, que van más allá de sus impactos sociales positivos, tales como la reducción de la rotación de personal o la mejora del clima laboral y de la reputación de la empresa.

Exponía también el Dr. José Antonio Alonso, que los países de renta media tienen el reto de seguir creciendo en circunstancias de desigualdad estructural, pues si esta no se resuelve, se convierte en una barrera difícilmente superable para el crecimiento sostenido y sostenible.

Construimos un país mosaico y debemos luchar desde todos los ámbitos por romper el muro de la discriminación social, racial, cultural, étnica o de género. Las empresas de Panamá son pequeños mosaicos organizados, que deberían apostar por reflejar esa diversidad que nos enriquece como personas y como organizaciones.

ABOGADA, DIRECTORA EJECUTIVA DE SUMARSE.