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15 de Aug de 2020

Pablo Villalobos

Columnistas

Redes sociales

Es divertido observar la actitud de la gente que piensa que el invento llamado ‘redes sociales' es nuevo, cuando en realidad es muy antiguo

El invento de moda, la cibernética social, la comunicación virtual, ha traído una serie de nuevas manías o adicciones. Como en cualquier época el ser humano se aboca a lo que se populariza, a lo que es ‘chic', a lo que está ‘fashion' buscando insertarse en las nuevas corrientes de conducta para no ‘quedarse atrás'.

Es divertido observar la actitud novelera de la gente que piensa que el invento llamado ‘redes sociales' es nuevo, cuando en realidad es muy, pero muy antiguo. Los faraones que gobernaron Egipto desde el año 3050 a. C. tenían sus confidentes, sus consejeros y sus amantes; estos círculos de personas eran sus redes sociales. Igualmente los Reyes Católicos de España, allá por el siglo XVI, tuvieron sus redes sociales o como se le llama hoy, su ‘círculo cero'. Entonces, las redes sociales son tan viejas como el agua. La única diferencia entre la antigüedad y hoy es la velocidad, no la costumbre. Hasta el hombre de las cavernas, desde el Neandertal al Cromañón de la época paleolítica, tenía sus redes sociales, la diferencia era en que sus allegados les acariciaban la pelambre de la espalda y a los otros, los que estaban fuera del círculo cero los molían a palos.

Como que se me ocurre un ‘déjà vu' con lo que está ocurriendo ahora mismo en nuestro ámbito. Si estás en el ‘inner circle', no te investigan por más rumores o acusaciones que existan de corrupción. Si eres oposición, entonces te muelen a palos, en términos virtuales.

Pero volviendo al tema en boga: las redes sociales, resulta que en Panamá tenemos varias que se han hecho populares. Y no necesariamente las que ustedes piensan o las que les mencionan como únicas. Está la famosa libretita preñada de papeles y sujeta con una liga que normalmente tiene un jubilado en el bolsillo de la camisa. Allí están los teléfonos y direcciones de los amigos, los familiares, el plomero, el electricista, etc. Están los famosos Rolodex, antiguo mecanismo que se veía en toda oficina, lleno de tarjetitas con los datos para localizar a aquellos que les interesaba; pues aunque usted no lo crea todavía hay. Están las agendas, sí claro que hay, no me abran los ojos de esa manera, sino solo fíjense cada fin de año comienza la fiebre preguntando a los comercios y empresas: ‘¡Oye, y ¿qué van a dar este año?! Lo siento, yo quiero mi agenda'. Y hay quienes aún preguntan por el famoso calendario. Hasta el tablerito con imán que se pega en la ‘refri' con datos, teléfonos y direcciones. El hato de menús de restaurantes agarrados con una presilla para llamar a los que tienen ‘delivery' cuando se oye el pregón en la casa: ‘¿Oye, aquí no vamos a comer hoy?'. El cuaderno gastado que tiene la billetera para llamar a sus clientes que tienen los números ‘suscritos'. El tablerito en aquella panadería de pueblo, en donde el panadero revisa quiénes de sus clientes falta por venir. En todos estos accesorios reside la red social y de allí se proyecta a sus interlocutores. La única diferencia es entre lo físico y lo virtual, pero es lo mismo. La diferencia es tiempo, ¿no es así? ¡Pues, claro!, si uso el WhatsApp con mi celular, el receptor del ‘bochin' lo recibirá inmediato. Caso contrario, si a mi vecina le roban el Galaxy J7 en el metrobús, no tiene más remedio que ir caminando a donde su comadre en la próxima cuadra a contarle esa cosa caliente que le dijeron. Y a su vez la vecina propagará como verdolaga la confidencia; que dicho sea de paso le pidieron: ‘Oye, pero no se lo digas a nadie' ¡PLOP!

Girando el timón levemente, aprovecho la ocasión para tirar un par de conceptos al viento y es sobre las redes sociales también. En mi humilde opinión, las redes sociales deberían usarse positivamente. Deberían aportar paz, tranquilidad y amistad. Sin embargo, hoy no vemos esta tendencia. Muy por el contrario, observamos la insana práctica de los ‘Call Centers' que lamentablemente son una fuente de desméritos, insultos, ataques y mentiras. Y la razón es la politización y la polaridad como dogma de fe. O sea, vamos a ella como corderos, ignorando que hay otra forma de vida.

Hace un tiempo, precisamente usando una red social, pedí a los que están en mi entramado, si quieren usen la palabra ‘yeyé network', que, por favor, no trajeran temas políticos a la red. Por experiencia propia traen una cadena de agravios. Es una acción estéril porque aquellos que apoyan o simpatizan a un bando siempre dirán que el otro es corrupto, que robó, que no hizo nada por el país, que se llevó la gallina y los pollitos. Sin esperar que haya pruebas concluyentes provenientes de procesos limpios y de una justicia seria e imparcial. ‘NO hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista', dice el dicho. Traduzco: en este momento la justicia panameña NO está funcionando, percibimos en general que es selectiva, hay procesos que se caen por franca chambonada, hay procesos que se caen por haberlos montado o forzado. Pero debemos, toda la sociedad en pleno, clamar porque haya una evolución, porque haya una sanación de la señora de los ojos tapados que sostiene en una mano una pesa y en otra una espada; y que tiene lo pechos medio descubiertos, para mayor ilustración y beneplácito de mis compadres.

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