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14 de Oct de 2019

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Juventino Caballero Aparicio

Columnistas

Pobre Navidad

Ojalá Dios nos haga el milagro de entender que la Navidad no se resume a un simple jamón y que hay mucho más después de todo aquello

El comercio logró hacer lo que las guerras religiosas no han podido: desvirtuar el verdadero sentido de la llegada del Hijo de Dios a la Tierra.

La Navidad concebida como época de reconciliación y reflexión de la forma tan sencilla como Dios envió a su único hijo, con progenitores pobres y procedencia humilde nacido en un establo (según las Sagradas Escrituras), como muestra de la más ferviente prueba de amor a los más necesitados.

Pasado el tiempo, con dudas del origen de esta narración, nada pudo acabar con el espíritu navideño, cosa que lograron hacer los medios de comunicación, específicamente la televisión, quienes han impuesto y dictado las pautas a seguir de los que hoy se conoce como Navidad.

Un costoso árbol extranjero que los pobres compramos a los países ricos a precios exorbitantes ni hablar de las decoraciones y sus precios, un gordo blanco barbudo que engaña a los niños haciéndoles ver que él distribuye los juguetes, luces y decoraciones propias de películas de fantasía, a eso se ha reducido el espíritu navideño.

La cena, según bombardeos publicitarios, debe estar acompañada por un suculento y sabroso jamón, un pavo insípido que debe deslumbrar la mesa con su tamaño, ron ponche y dulce de frutas. Si no los tengo, ¿no tendré Navidad?

Pero los más beneficiados de esta desnaturalización de la Navidad son los mercaderes de la pobreza, LOS POLÍTICOS, los que luchan por mantener nuestra población sumida en la ignorancia y la dependencia del paternalismo.

Resulta doloroso ver a parte de la población formar interminables filas por un jamón. Mi pregunta es: ¿realmente es esto necesario? ¿De verdad están tan necesitados, es imprescindible este producto?, ¿preguntemos al Niño Dios si es realmente forzoso tenerlo?

Creo que la población merece respeto, y la misma debe darse a respetar y no hacer esos ‘shows' mediáticos, como si se tratara de algo de vida o muerte. NO hay jamón, pues no hay, pero que viva la reconciliación en familia y la sociedad,

Devolvamos el golpe a los políticos que quieren convencernos de que si no es a través de estos favores no hay Navidad, tratemos de ser humildes como lo fue Dios mandando a su hijo a nacer entre los pobres, rechacemos los falsos mercaderes de la pobreza y rescatemos el verdadero sentido de la Navidad.

Ojalá el regalo del que está por nacer sea el de ser más obedientes y entendidos en la fecha, y que las grandes cadenas del comercio y los medios sean los menos beneficiados por la ocasión. Ojalá Dios nos haga el milagro de entender que la Navidad no se resume a un simple jamón y que hay mucho más después de todo aquello.

DIPLOMÁTICO DE CARRERA.