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18 de Oct de 2019

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Mireya Lasso

Columnistas

No los salva ni el médico chino

La expresión, incluida en nuestro refranero popular, nos recuerda el estatus de varios expresidentes americanos

Ese ‘mentao' refrán popular se acomoda a las tribulaciones de exmandatarios y exfuncionarios de varios países americanos, incluidos los nuestros. Como aquel médico chino que, a mediados del siglo XIX, sanaba dolencias que ponían a personas al borde de la muerte, hoy la enfermedad del alma se llama codicia; su diagnóstico, corrupción; y un virus: Odebrecht. Su vacuna y antibiótico: un compromiso nacional, no un médico chino, de curarla y erradicarla hasta donde sea factible.

Cuenta la historia que Juan Chambombián, personaje chino llegado a Cuba en 1858, logró fama por sus tratamientos con plantas medicinales, acupunturas y masajes, cuando los tratamientos tradicionales no funcionaban. Dado el éxito de este botánico, el imaginario popular le atribuyó poderes prodigiosos que dieron pie a esa frase descorazonadora, cuando alguien queda envuelto en peliagudas complicaciones, no limitadas a problemas de salud.

La expresión, incluida en nuestro refranero popular, nos recuerda el estatus de varios expresidentes americanos. ¿Acaso no habría algún médico chino que nos libre de la epidemia de estos virus? ¿Especialmente de uno, no único: Odebrecht? Recordemos algunos casos reportados tras investigaciones por sobreprecios, sobornos, enriquecimientos ilícitos, blanqueos de capital.

En Brasil, el fiscal Janot solicitó 83 investigaciones de Odebrecht; incluyó a Lula da Silva y Dilma Rousseff, sospechosos de recibir sobornos. En Perú, el expresidente Alejandro Toledo, US$20.0 millones también recibidos por sobreprecios en obras de infraestructura; el expresidente Ollanta Humala, compartiendo hoy prisión junto al expresidente Alberto Fujimori, US$3.0 millones para su campaña electoral en 2011. La cuerda floja hace peligrar al presidente Pedro Pablo Kuczynski cuando el virus Odebrecht lo infectó al pagarle US$5.0 millones por asesoramiento a empresas vinculadas a él entre 2004 y 2013. En Ecuador, el vicepresidente Jorge Glas, condenado por apropiación ilícita que produjo US$33 millones también de Odebrecht.

En El Salvador, los expresidentes Francisco Flores, recién fallecido, US$15.0 millones en donaciones desviadas del Gobierno de Taiwán; Elías Saca, US$5.0 millones, y Mauricio Funes, US$419.145,19, ambos por enriquecimiento injustificado. En Guatemala, el expresidente Otto Pérez y su exvicepresidenta Roxana Baldetti, por enriquecimiento ilícito y fraude millonario en las aduanas chapines; y el expresidente Alfonso Portillo cumpliendo condena de prisión en Estados Unidos por lavar allá US$70.0 millones saqueados al fisco guatemalteco. En Honduras, el expresidente Rafael Callejas se declaró cómplice en una trama de sobornos en la Concacaf. En Costa Rica, aún recordamos la extradición de un expresidente, a la sazón secretario de la OEA, que fue devuelto esposado a su país.

En Argentina, un juez ordenó el desafuero y detención de la expresidenta Cristina Kirchner en procesos de sobreprecios en obras públicas, de especulación en el precio futuro del dólar y, como su exvicepresidente Amado Boudou, detenido, por enriquecimiento ilícito. La expresidenta también enfrenta acusaciones por entorpecer las investigaciones del ataque terrorista contra la AMIA en 1993.

Fuera del continente, otros virus: escándalos del italiano Berlusconi, renuncias del primer ministro islandés Sigmundur Gunnlaugsson por vinculación a los Papeles de Panamá, y de Suvi Lindén, ministra finlandesa de Cultura, por otorgar una subvención estatal de 170 000.00 euros a un club de golf privado al cual pertenecía.

La lista de acusaciones o delitos comprobados no termina. Nosotros no escapamos porque, con razón o sin ella —ya que debemos abstenernos de emitir juicios mientras nuestra justicia finalmente no se pronuncie— tenemos también a un expresidente, sus hijos y exfuncionarios suyos, investigados por delitos similares. Todos deberán probar que sus enriquecimientos son plenamente justificados.

Con tantas experiencias perniciosas, sin médicos chinos que los puedan ayudar, ¿quiénes podrán aprobar, sin mácula, exámenes similares al finalizar sus respectivos mandatos?

EXDIPUTADA