Temas Especiales

24 de Oct de 2020

Nicole M. Hurtado H.

Columnistas

Educación, compromiso de campaña o deber del Estado

‘El Estado debe tomar en serio la educación del pueblo e invertir más recursos, si [...] queremos salir del subdesarrollo [...]'

Para una estudiante es tan difícil describir la situación que sufre la educación panameña, ya que esta es la consecuencia de la desidia de nuestros gobernantes, a establecer políticas públicas que vayan más allá de cinco años. Actualmente, curso el cuarto año de la carrera de Derecho y Ciencias Políticas y soy egresada del Instituto Técnico Don Bosco, lo que me ha permitido percibir ambas caras de la moneda, desde la perspectiva particular en mi educación secundaria y desde el aspecto oficial, en mi carrera universitaria.

Es preocupante cómo un tema tan importante es dejado en manos de autoridades que no buscan soluciones a los problemas, al contrario, incentivan a la población con subsidios como la beca universal, la cual considero un arma de doble filo, pues por una parte facilita a estudiantes de escasos recursos continuar con sus estudios y por otra, fomenta la mediocridad, al pedir como requisito único una calificación mínima, como si a eso fuese a lo que deben aspirar nuestras futuras generaciones.

Ahora, desde el punto de vista legal, la educación es un derecho del pueblo y un deber del Estado, consagrado en nuestra Constitución Política, en donde se enuncia que esta debe ser ofrecida de manera integral, tomando en cuenta los aspectos físicos, intelectuales, morales, éticos y cívicos, con el objetivo de capacitar al estudiante para ejercer un trabajo útil en interés propio, sin olvidarnos de aportar a nuestra sociedad. La educación debe darse sin distinción de raza, posición social, ideas políticas, religión, etc.

Pero… lo antes señalado, ¿realmente se cumple? Pensamos que no, porque vemos en las áreas más recónditas de nuestro país las llamadas escuelas rancho, donde diariamente estudiantes y maestros arriesgan sus vidas en busca de un mejor futuro cargado de esperanzas por un mejor Panamá, las que se encuentran lejos por falta de apoyo estatal para satisfacer las necesidades básicas (agua potable, energía eléctrica, salud, alimentación) y un ambiente sano y propicio para el aprendizaje. ¿No es esta una desigualdad marcada entre los estudiantes de áreas urbanas y los que se encuentran en áreas de difícil acceso, en condiciones inhumanas?

Si bien la educación en los últimos años no ha tenido un avance significativo, es determinante aclarar la siguiente pregunta. ¿Es la educación un deber del Estado o una promesa de campaña? Porque realmente pareciera que más que la búsqueda de superar las falencias que tenemos y crear un plan nacional en donde se considere a la educación como pilar fundamental y objetivo esencial del mismo, se busca utilizar a la educación como un punto más en las promesas de campaña y así cada Gobierno decide y ejecuta lo que le parece mejor. Sin tomar en cuenta que, al no existir una continuidad ni un plan nacional, las decisiones son aisladas, debilitando al sistema educativo y perjudicando directamente a nosotros, los estudiantes.

¿Por qué no tomar como referencia países como Finlandia que, año tras año, se enfocan radicalmente en la educación en todos sus niveles, y presentan avances tecnológicos que científicamente demuestran favorecer incrementos en la facilidad del aprendizaje, como es el caso de sustituir las asignaturas básicas con proyectos que permitan al estudiante involucrarse de forma creativa e interactiva con los diversos temas? Además de replantear las infraestructuras de los planteles, para que físicamente sean espacios abiertos en donde sea el estudiante quien elija en dónde se siente más cómodo, para que pueda realizar sus asignaciones. Este cambio no solo es físico, sino también pedagógico, al encontrarse en mejor estado mental para aprender.

El Estado debe tomar en serio la educación del pueblo e invertir más recursos, si es que, en verdad, queremos salir del subdesarrollo y progresar.

ESTUDIANTE DE DERECHO, UP.