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16 de Oct de 2019

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Mireya Lasso

Columnistas

Le llegó la hora a los carnavales

Ya estamos en ‘modo carnavales', época cuando nos tomamos en serio las fiestas del Rey Momo.

Le llegó la hora a los carnavales

Ya estamos en ‘modo carnavales', época cuando nos tomamos en serio las fiestas del Rey Momo. La mayoría de los ciudadanos se desconecta de sus actividades rutinarias, de los problemas diarios que la acongojan y se puedan echar de lado, y se toma unas vacaciones para desestresarse. No todos pueden hacerlo: algunos aprovecharán para dedicarse a alguna actividad legítima que le provean fondos adicionales en los sitios de mucha concurrencia en estos tiempos, mientras otros planearán la manera de hacerse de lo ajeno aprovechando viviendas desocupadas, dejadas sin protección por los incautos que se dediquen a carnavalear.

Decenas de miles abandonarán la capital, dejando espacio para que otros disfruten de un ambiente amigable y de paz. La ciudad será un oasis de paz, sin tranques la capital presentará un contraste con un interior invadido para hacer desaparecer su normal tranquilidad. El éxodo tradicional se iniciará en la terminal de transportes y, a diferencia de años anteriores, todos podrán llegar a sus destinos rápidamente gracias a la amplia vía que une la capital con Paso Canoas, especialmente el tramo Santiago a David. Sin embargo, la amplia vía provee una sensación de comodidad y seguridad que alienta la tentación al exceso de velocidad y a la poca concentración del conducir. El licor y el uso de celulares no son buenos compañeros a esa hora, porque convierten los vehículos en armas mortales que hacen peligrar tanto a los automóviles en su vía y en la contraria, como a los peatones en los poblados que deben atravesar en su recorrido.

Los temporales invasores se adueñarán, como es la costumbre, de Las Tablas, Pedasí, Chitré, Los Santos, Capira, Dolega, Boquete, Santiago, Penonomé —con su Zaratí y su Manguito—, de Chepo, Pacora, Colón y tantas otras ciudades y poblados, con sus culecos y tunas de calle arriba, calle abajo y también de Punta Fogón. Las fondas improvisadas ofrecerán el verdadero sancocho interiorano con ñame y culantro, que es muy distinto a una común sopa de gallina con que muchos profanan el legítimo sancocho panameño.

Quizás también veamos a precandidatos, declarados y no declarados, saltando de cama en cama y dedicados a saludar a todo el mundo a su alrededor en todos los poblados y alegando que son actividades ‘no proselitistas' porque nacen de su amor por sus semejantes. Ya han sido advertidos por el Tribunal Electoral que, si abrigan intenciones de competir en primarias o en las elecciones generales, no pueden asomar la cara en público ni exponer ninguna idea sobre las cosas buenas que le convienen a este país. En consecuencia, solo quienes no tienen intenciones de correr a cargos de elección popular ni lo hayan manifestado públicamente, solo ellos pueden saltar y brincar en los carnavales sin correr el peligro de ser sancionados por las autoridades electorales.

En los próximos días de manera especial resultan de importancia las actividades de instituciones como la fuerza pública, el Servicio Nacional de Protección Civil, la Cruz Roja, los hospitales en la ciudad y en el interior. La protección de los ciudadanos, la dirección efectiva del tránsito para controlar los excesos de velocidad y de licor, el aseguramiento del orden público, la prevención de la violencia, la captura de delincuentes, el salvamento de vidas, la atención a heridos o bañistas, y los primeros auxilios son esenciales para que otros puedan divertirse con una razonable seguridad personal y de atención en caso de accidentes. Este año se añaden los fiscales electorales, quienes deben vigilar las actividades de los precandidatos declarados o ‘sospechosos' de querer hacerlo en el futuro…

EXDIPUTADA