La Estrella de Panamá
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13 de Oct de 2019

Antolino Herrera Castillo

Columnistas

En el debate

‘En la búsqueda del dinero ajeno, nos dirigimos al despeñadero individual o colectivo'

Dentro de nuestro acontecer nacional hay cosas aceptables, otras repudiables, o sin razón de ser. No acabamos de entender cómo un órgano de Estado que se dice defensor del derecho, honra y bienestar de los asociados se mantiene en desacato de esa misma Ley que dice defender. Consideramos seriamente si, quien preside la Asamblea Legislativa tiene la madurez para eventualmente conducir cada debate, decisiones o escrutinios que se realicen en este órgano.

Aquí hay mucho que escudriñar: pleito, contiendas o enfrentamientos que, según los entendidos, no es lo casual sino lo normal en las democracias. Pero es que de ser así, todos saldríamos ganando, en especial el 80 % de los habitantes de nuestra República. Ya sabemos que el resto de la población está en otro estilo de vida. Explíquenos cómo el señor legislador Héctor Valdés Carrasquilla, en cámaras de televisión, reitera de manera eufórica, que ‘los fallos de la Corte Suprema de Justicia son inapelables'. Esto lo dijo hace poco, cuando un fallo de la Corte les resultaba beneficioso a él y a otros de su mismo grupo. Un mes después no pudo decir lo mismo cuando otro fallo les resultó adverso.

Qué hace la presidencia de la Asamblea Legislativa al respecto. Sus mismos copartidarios la eligieron. En medios de prensa trascendió que la misma legisladora recibió unos 7.8 millones (más que el resto, por allá por el distrito de Capira). Claro, así de esta manera se siente comprometida a defender al resto del grupo.

‘No sabemos si los legisladores se han percatado de que si son figuras públicas, están bajo el escrutinio [...]'

‘Quien está libre de todo pecado que suelte la primera piedra', sentenció una vez Jesús de Nazareth.

No sabemos si los legisladores se han percatado de que si son figuras públicas, están bajo el escrutinio de la población y es su responsabilidad cuidar nuestro dinero, nuestro sudor, nuestro esfuerzo, nuestro cada amanecer en la búsqueda del pan de cada día, que a muchos se les niega. No es lo mismo si infringe la Ley Juanito que vende periódicos debajo del puente de San Miguelito, a costa de humo, sudor, polvo, sol y agua, o si la infringe un legislador, representante, o cualquier personero de Gobierno.

Claro, tú, legislador vives refrigerado, al amparo de estructuras, viviendo un supuesto poder, y sin visión de nada.

El problema no es solo de pan, porque es obvio que no solo de esto vivimos. Es un problema de principios o normas; es un problema de moral, de ética, de dignidad y de honra, que sería hablar mucho. Si no tenemos esto, estamos muertos. Inútil es que nos vistamos con las mejores galas y atuendos o cantemos las mejores canciones, porque seriamos como los sepulcros en los cementerios; ‘arriba en la losa hay muchas flores frescas y aromáticas que nos ponen los deudos que nos quieren, y debajo están los huesos inmundos, todavía cubiertos de cartílagos igualmente apestosos e inmundos'. Esta es la palabra parafraseada de Jesús de Nazareth. Pero aquí en Panamá estamos ciegos de entendimiento, buscando oro a riesgo de nuestra propia vida.

‘La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee'. Según sentencia la Sana Doctrina; la Santa Biblia. En la búsqueda del dinero ajeno, nos dirigimos al despeñadero individual o colectivo.

Los líderes son los responsables de todo esto, pero donde están los líderes; es cada vez más difícil encontrarlos. Las personas de mal vivir buscan a los más licenciosos(as) para que los representen, porque estos también quieren gobernar. Así el asunto, así el debate, entre los que buscan el avance del país y los enemigos nuestros; los enterradores. Se defiende el derecho a vivir. O acabamos con la corrupción o esta nos acaba a nosotros.

Cuida tu sangre, cuida tu vida.

ECONOMISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.