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20 de Nov de 2019

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Mireya Lasso

Columnistas

¿Nos preparamos para el censo 2020?

¿Cuál es la importancia de un censo de población y vivienda bien conducido, que arroje datos confiables?

¿Nos preparamos para el censo 2020?

Cada diez años desde inicios del siglo pasado se realiza un censo de población y de viviendas en Panamá; el próximo se realizará en el 2020. El censo anterior se ejecutó a pocos meses del ascenso del nuevo gobierno y, peor aún, a pocas semanas de la toma de posesión de la contralora general, quien se inició implantando cambios en las direcciones y jefaturas importantes de la institución, reemplazándolos por personas de un equipo de ‘su confianza'.

En abril de ese año, renunció a su cargo el director del Instituto Nacional de Censo y Estadística, debido a discrepancias con la contralora, siendo el funcionario que habría tenido la responsabilidad de dirigir la ejecución del censo en ciernes.

Recordamos que los resultados no fueron del todo halagadores ni precisos, que hubo mucha confusión e inusual retraso en dar a conocer en forma completa y definitiva cuántos panameños éramos. Entre las anomalías que fueron ampliamente reportadas destacan el hecho de que los corregimientos de Las Mañanitas, Tocumen y 24 de Diciembre, con un total de 96 000 habitantes, no fueron censados en su totalidad, mientras que muchas viviendas en San Carlos, Penonomé, Condado del Rey, Costa del Este, entre otros sitios, nunca fueron visitadas. Se perdieron decenas de miles de cuadernillos del censo y muchos supervisores encargados de supervisar el trabajo de los 125 000 empadronadores no ejercieron su función a cabalidad, tal como habían sido instruidos durante su capacitación. Muchos censistas, reclutados sin mayor comprobación de una mínima habilidad personal, se quejaron de que no se les había cancelado los 40 balboas prometidos por su trabajo.

¿Cuál es la importancia de un censo de población y vivienda bien conducido, que arroje datos confiables? Evidentemente no se trata de un ejercicio puramente académico o teórico, porque son muchas las aplicaciones prácticas beneficiosas para los Gobiernos y la sociedad en general. Basta señalar algunos. Al conocer cuántos somos, qué tenemos, cómo vivimos, qué preparación tenemos y, en general, qué necesitamos, se nos presenta una fotografía real del país, de su demografía y de su calidad de vida para entonces tener bases sólidas para poder formular, ejecutar y evaluar políticas sociales y asignar las partidas presupuestarias que vayan a las regiones y sectores económicos que realmente las necesitan. Sin esos datos concretos, basados en la realidad del país, esas políticas y esas partidas presupuestarias están en peligro de ser definidas por razones personales divorciadas del bien común, o al azar, o por la mera intuición del gobernante, o la presión de políticos influyentes interesados en mantener su hegemonía.

Otra razón de especial importancia tiene que ver con las asignaciones de curules en la Asamblea Nacional, tema que en estos días ha puesto sobre el tapete el Tribunal Electoral, específicamente en relación con la cantidad de diputados a elegir en un par de circuitos electorales. El argumento de Tribunal, al proponer disminuir y aumentar un número de curules, se fundamenta en la movilidad de la población y de los votantes en esos circuitos que hace obligante la recomposición de esos circuitos a la luz de normas constitucionales.

Esa movilidad de la población también es pertinente en lo concerniente a la ubicación o reubicación de centros de salud y hospitales, construcción de carreteras y acueductos, así como edificación o relocalización de centros escolares y facilidades deportivas. Y mucho más.

Las irregularidades ocurridas en el 2010 no pueden repetirse. La conducción ordenada en el 2020 exige que abarque todo el territorio nacional en un solo día con la organización de 150 000 empadronadores y supervisores motivados. 18 meses no es mucho tiempo.

EXDIPUTADA