La Estrella de Panamá
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16 de Oct de 2019

John A. Bennett N.

Columnistas

No busquemos solidaridad en el socialismo

Cosa muy diferente y distinta es el libre comercio en donde se une la gente en el mercado para intercambiar bienes y servicios, sin coerción

Para hablar de solidaridad hay que definirla; y su definición apunta a la unidad de objetivos, intereses y tal. Pero la solidaridad no está, necesaria o inequívocamente, ligada a los intereses de los que menos tienen. Una chiva parrandera tendrá solidaridad de fiesta, pero si hasta el conductor está embriagado, bien podemos imaginar las consecuencias. Unidos se puede prosperar o fracasar. Así, los socialistas aducen ser solidarios con los pobres; cuando en realidad lo son con la coerción. ¿No es ello lo que caracteriza a todos los regímenes totalitarios?

Cosa muy diferente y distinta es el libre comercio en donde se une la gente en el mercado para intercambiar bienes y servicios, sin coerción. Tristemente, con demasiada regularidad los mercados no son libres, tal como en sociedades que practican controles de precios, incluyendo el salario mínimo, una educación centralizada, y otras medidas similares. Algo así como... ‘eres libre de comerciar o educar; eso sí, a mi modo'.

El auténtico capitalismo, y no aquel de ‘compinches', que tanto se practica, ha sido a través de toda la historia humana la forma natural de lograr intercambios voluntarios y solidarios. Solidarios porque une el interés común de intercambios enriquecedores. Y, desafortunadamente, junto con el buen comercio viene revuelto el malo; razón por la cual necesitamos mecanismos de justicia.

Tomemos el caso de la educación privada, que es una manifestación de libre comercio educativo. Esta es una actividad que enriquece sin requerir una inmensa planificación centralizada. No hay problemas de vandalismos ni huelgas y similar. Y tal vez el mayor enemigo de esta actividad solidaria la vemos en los Gobiernos que se sienten intimidados por ella. Gobiernos que cacarean que asisten, cuando en realidad es lo contrario.

Solo el libre comercio ha logrado juntar en los anaqueles de un establecimiento la cantidad y variedad de alimentos y productos provenientes de todos los rincones del planeta. En Venezuela era así hasta que llegó la ‘solidaridad bolivariana'. Y ni hablar de Corea del Norte, donde fácilmente puedes quedar convertido en churrasco. Sin que caigas en cuenta, tus compras en el libre y solidario mercado ayudan a mantener familias, en todos los sitios y rangos sociales, unidos en un propósito común.

Pero, la coerción, amada concubina del socialismo, es otra cosa. Allí vemos al Gobierno decidiendo y repartiendo todo. Y ¡vaya! forma de reparto, cuando quien parte y reparte se queda con la mejor parte. Y ¡por favor! No llamemos capitalismo a lo que practicamos localmente. Lean nuestra Constitución; esa que en una misma oración establece principios para luego negarlos.

La solidaridad no comulga con la compulsión. Los impuestos exagerados y compulsivos reducen la capacidad de expresión solidaria en libre comercio. ¿Cómo comerciar cuando te han birlado lo que tanto te costó producir? Impuestos y solidaridad son antónimos; salvo los justos. Socialismo es un abismo de absoluta dependencia con diputados que alegan estar repartiendo riqueza; cuando en realidad reparten corrupción y pobreza.

AVIADOR/EDUCADOR/EMPRESARIO.