La Estrella de Panamá
Panamá,25º

23 de Oct de 2019

Avatar del Modesto A. Tuñón F.

Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Hierro viejo sobre el canal

Estas imágenes quizás no se mantengan en el subconsciente nacional por mucho tiempo

El auto bajó la pequeña pendiente —especie de rambla— y siguiendo instrucciones del agente uniformado, se alineó detrás de otros vehículos que ya estaban sobre la barcaza (ferry, como estamos acostumbrados a decir). Hubo que esperar para cruzar el Canal de Panamá en su sector caribeño y mientras tanto, me entretuve con la silueta del nuevo puente a un costado y cuya estructura se arma en el aire.

Contemplar este panorama, me hizo recordar las imágenes del pasado y mi infancia, cuando tenía oportunidad de navegar sobre la vía acuática para pasar de la orilla de La Boca hasta la de Farfán y miraba cientos de metros más adentro, el armazón metálico del puente de Miraflores, que tenía la característica de abrirse para que los buques atravesaran antes de llegar a o al salir de las esclusas homónimas.

Estas imágenes quizás no se mantengan en el subconsciente nacional por mucho tiempo. Hace poco, los diarios reprodujeron la información sobre los planes de desarmar este paso metálico canalero y proceder a vender sus partes como ‘hierro viejo'. En principio, pareciera un negocio rentable que las piezas se ofrezcan a quien las pueda fundir y rehacer otros materiales.

Hubo una época en que pasar de una ribera a la otra del canal, suponía esperar que cerraran las esclusas de Miraflores o en el Caribe, las de Gatún, pues se hacía el trayecto sobre ellas o a un costado. En el Pacífico se instaló primero el servicio de barcos que llevaran sobre sí los vehículos y en 1942 se terminó de erigir el puente de Miraflores. En ambos casos, los viajeros debían esperar que los mecanismos posibilitaran proseguir el camino.

Los trabajos previos de la construcción de un nuevo juego de esclusas y la apertura de las correspondientes en el sector de Cocolí (oeste de Miraflores), han impedido el acceso vehicular hacia ese extremo del puente y le ha restado la eventualidad de ser la opción accesoria cuando el flujo de tránsito se hace lento y pesado en el tramo correspondiente de la carretera Panamericana.

El progreso pareciera que obliga a deshacerse de ciertas reliquias que hacen conocer cómo ha sido el desenvolvimiento de la cultura del país. Desafortunadamente no se cuenta con organismos que de manera eficiente puedan analizar estos aspectos y tomar medidas para su conservación. ¿Qué hemos ganado con echar abajo la casa Müller en el barrio de Calidonia? El esperpento arquitectónico que se estableció allí, lo demuestra.

Igual sucedió con los edificios de la avenida Central en su perímetro entre la sucursal del Banco Nacional de Panamá en calle 16 y el parque Santa Ana. Los negocios que se instalaron en ese sector, destrozaron la fachada de parte del legado y modelos de la urbe de comienzos del siglo XX. Los pocos inmuebles que aún guardan el perfil de la época, demuestran que tuvimos una identidad que poco a poco se ha perdido tras las nuevas e inútiles molduras.

Expertos han propuesto conservar de alguna forma el viejo puente de Miraflores y aprovechar su valor turístico. Una salida es que sea parte de un conjunto en locales que promuevan una perspectiva diferente del complejo canalero cercano. Otros, han dicho que se puede trasladar sus elementos a algunas comunidades en la Costa Abajo de Colón para el paso de productores hacia los mercados; y qué decir de mostrar sus articulaciones a estudiantes de ingeniería.

Por tanto, existen opciones que impedirían su desaparición. Ojalá haya oportunidad de actuar antes de que se convierta en chatarra y extraer provecho en beneficio del país al crear condiciones para un uso más cónsono con brindar a las futuras generaciones un legado valioso y trascendente.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.