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16 de Oct de 2019

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Roberto Antonio Pinnock Rodríguez

Columnistas

Colón y la arrogancia varelista

‘[...] la arrogancia del señor Varela, propia de la clase social que representa, no promete ponerle fin a los conflictos en Colón [...]'

‘El equipo del Frente Por la salvación de Colón se mantuvo esperando la invitación al Consejo de Gabinete, lo que nunca ocurrió'. Me comentaba un amigo colonense de mucha solvencia moral en esa provincia.

La alternativa de presentarse sin invitación al Consejo realizado el pasado martes 24 de abril en un área donde se construyen nuevas residencias promovidas por el Gobierno, no ocurrió. Esto, pudo haber creado condiciones para el forcejeo y el espectáculo —como acertadamente deducía mi amigo— digno de ser publicado luego en el periodismo amarillista que pulula en estos sitios, pero no, no fue así; el Movimiento por la salvación de Colón no mostró tales actitudes de irrespeto y deslegitimación del actual Gobierno.

La respuesta del señor presidente de la República no fue diplomática, no fue consecuente con la disposición de trato respetuoso que en la práctica le dispensó el movimiento que ha venido haciendo demandas civiles históricamente aplazadas para el pueblo colonense, de las 16 calles del casco antiguo y del resto de la provincia.

Contrario a lo políticamente correcto y esperado, el Presidente anunció que no dialogará con quienes dirigen las acciones de los paros, está dispuesto a dialogar con los gremios empresariales, educadores y transportistas.

Las acciones del 13 y 14 de marzo último confirmaron a sus propios líderes, los mismos que han venido representando los intereses de las clases populares-pobres y estratos medios-haciéndolos partícipes directos en el diálogo legítimo que resultó de tales acciones de masas de esta ciudad atlántica. Sin embargo, a pesar del comportamiento respetuoso dado por la dirección de este movimiento al gobierno de turno, este decide ignorar la presencia de los líderes de este movimiento popular —llámese Felipe Cabeza, Edgardo Voitier o cualquier otro— que están reconocidos por su pueblo, a través del como Frente por la Salvación de Colón.

Lo que le habrá parecido una jugada de ajedrez político estupenda —ignorar a la dirigencia de este movimiento de extracción popular— más bien parece manifestar una conducta de aviesa arrogancia propia de las clases que miran el mundo desde su olimpo de poder. La arrogancia, empero es mala consejera de las relaciones de respeto entre los seres humanos y grupos sociales, dando por resultado no pocas veces en la historia universal y local el avivamiento de conflictos, si no inmediatamente, su aplazamiento para verlos retornar con mayor ímpetu político y social.

Es obvio que haya escogido dialogar con los gremios empresariales, donde el entendimiento podría aflorar con mayor celeridad, como quien dice, aunque hay algunas desavenencias internas, se trata del mismo bando.

Con los transportistas y educadores, empero, se desprende que el señor Varela busca aplicar la máxima de ‘divide y vencerás', probablemente al observar que en la segunda convocatoria hecha a la huelga general, los primeros no participaron, más por razones de no contar con un soporte económico para mantenerse en días sucesivos de paro laboral que por no aceptar como legítimas las demandas del conjunto del pueblo colonense y a los líderes prácticamente naturales del movimiento.

En el caso de los educadores, alguien parece haberle soplado al oído al presidente que podía diseccionarlos del resto del movimiento y darle respuestas parciales que los restarían de su aporte a una futura huelga fomentada por el Frente por la salvación de Colón de los que son parte integrante. Cuidado le puede resultar un error garrafal de cálculo, tal como ha comenzado a darse con las últimas protestas públicas de este gremio en la provincia.

Sin duda, aunque la división momentánea ocurra, aunque pretendan disipar la representatividad de un liderazgo propio, probado y legitimado por el pueblo, si la representación de las clases empresarias que hoy gobiernan continúa sin resolver los acuciantes problemas, no ya de la ciudad de Colón, sino de la provincia entera, las raíces-que son originadas en los problemas no resueltos-seguirán allí latentes y multiplicarse hasta resurgir en cualquier momento con mayor impulso y probablemente más envolvente que los anteriores.

En tal escenario predecible por el sentido histórico social, la arrogancia del señor Varela, propia de la clase social que representa, no promete ponerle fin a los conflictos en Colón, ni los urbanos ni los rurales... amanecerá y ya lo verán.

SOCIÓLOGO Y DOCENTE UNIVERSITARIO.