La Estrella de Panamá
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22 de Oct de 2019

Álvaro Méndez F.

Columnistas

Cuando un amigo se va...

‘La prematura partida del arquitecto Gabriel Eduardo Fábrega Sosa, para mí, representa algo más que la pérdida de un amigo'

El cantautor argentino José Alberto García Gallo, mejor conocido como Alberto Cortez, trata de relatar en su canción ‘Cuando un amigo se va', en una prosa amena, los espacios vacíos y las dolencias que experimentamos con la partida de un amigo (Cuando un amigo se va... queda un espacio vacío… que no lo puede llenar… la llegada de otro amigo..., … queda un tizón encendido, que no lo puede apagar ni la corriente de un río...). Esta linda canción, trata de expresar ese dolor que se experimenta con la pérdida de un amigo, y escucharla interpretada por él, ayuda internamente a fortalecer y valorar los recuerdos vividos.

Sin embargo, la prematura partida del arquitecto Gabriel Eduardo Fábrega Sosa, para mí, representa algo más que la pérdida de un amigo, el fue mi primo más cercano, mi socio, mi mejor amigo y mucho más aún, porque siempre lo consideré como un hermano.

Con Chepo (como le apodábamos) compartimos experiencias desde muy temprana edad, cuando en la primaria convivíamos en el colegio Javier (él, un año más arriba) y los tres meses de vacaciones de verano los vivíamos junto con otros primos, bajo la tutela de los abuelos Víctor y Giña en algún rincón de la campiña panameña, Las Lajas en Chiriquí, Canto del Llano en Santiago de Veraguas, y posteriormente, cuando cursábamos la secundaria, en Majagual, Veracruz, provincia de Panamá.

Chepo, durante nuestro paso por el colegio Javier, siempre fue un gran deportista, de los mejores lanzadores de béisbol en la primaria, al menos así lo calificaba el profesor de Física ‘Fosforito' y posteriormente en la secundaria continúo con el béisbol y el fútbol. Ya de adulto, demostró sus habilidades en el golf, la pesca y la cacería.

Una vez terminado el bachillerato, Chepo nos abandona por un periodo de doce meses y viaja a Brasil a iniciar sus estudios de arquitectura, para luego retornar a Panamá y continuar sus estudios en la Facultad de Arquitectura en la Universidad de Panamá.

El finado general Omar Torrijos, quien, por la amistad que mantenía con mi tío, el Arq. Edwin Fábrega (Q. E. P. D., papá de Gabriel), compartió en innumerables veces en las reuniones familiares donde participaban mis primos, y observó las habilidades innatas y los comentarios sencillos y a la vez lógicos que desde temprana edad expresaba Gabriel en los temas de arquitectura.

Por lo anterior, en una de esos caprichos de comandante, el general lo nombró informalmente como su asistente personal en la inspección y construcción de la casa de Coclesito, lugar de descanso y de reuniones políticas del difunto general.

De esta experiencia que pudo durar unos tres años, Gabriel descubrió su capacidad para generar trabajo productivo y así realizó sus pininos, dibujando planos y construyendo pequeños proyectos de remodelación de casas de campo en las playas.

Hoy día, la familia de Gabriel, Mary Carmen su esposa y sus hijos Ana Patricia, María Gabriela, y Gabriel Jr., puede orgullosamente observar elementos arquitectónicos, diseñados y construidos bajo la inspección de Chepo, desde Chame, pasando por Coronado, las playas, El Valle, Buena Ventura y hasta playa Venado en Pedasí.

Con el Gobierno de la Sra. Mireya Moscoso, en compañía de su tío, el Arq. Virgilio Sosa, le tocó inspeccionar la construcción del nuevo hospital de Chiriquí, y por esta razón, la Sra. Presidenta, al notar en él los dotes de buen gusto y estricto cumplimiento de los diseños, los contrató para la remodelación de su residencia en la ciudad de Panamá.

Gabriel, siempre fue muy considerado con sus amigos, en muchas ocasiones nos realizó trabajos negándose a una remuneración, solo con el interés de atender las necesidades de sus conocidos y con esto expresar la amistad que él nos mantenía.

Tuve la oportunidad de acompañarlo el año pasado en su último viaje a EE.UU., para su revisión médica, toda vez que le tocó pelear contra su peor enemigo, un tumor maligno, que término venciéndolo en un corto periodo de ocho meses.

Como el mejor de los gladiadores, Chepo enfrentó su lucha, de una manera realmente impresionante, de frente, callado, sin una lágrima derramada, tomando las mejores y más difíciles decisiones, enfrentando la realidad con la frente en alto. De la manera más valiente que he visto, tal vez si acaso, igualada por la fortaleza que mostró mi tía Yuti (su madre), acompañándolo en cada paso de su lucha. Así mismo me impresionó la fortaleza y decisión de su esposa e hijos, durante esta batalla.

Al cumplirse hoy el mes de su partida, miro para atrás y no puedo más que admirar el camino recorrido por Gabriel, siempre fortalecido por su esposa Mary Carmen. Caminado ambos de la mano con la honradez, el sacrificio, la responsabilidad y la honestidad, dejando a su familia como herencia una trayectoria colmada de valores y virtudes, sobresaliendo ante todo el amor familiar a sus hijos, nietos y familiares.

Gabriel deja una familia fortalecida, con sus hijos ya adultos, bien educados, nietos alegres e intensos (que disfrutaron mucho al abuelo), y a sus hermanos y amigos con el recuerdo vivo de un gran compañero, hijo, hermano, padre y amigo.

INGENIERO

‘[...] la familia de Gabriel, [...], puede [...] observar elementos arquitectónicos, diseñados y construidos bajo la inspección de Chepo, desde Chame [...] hasta playa Venado [...]'