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16 de Oct de 2019

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Jaime Raúl Molina

Columnistas

Cuidado con el Fujimorazo

La Asamblea Nacional ha hecho un sobresaliente esfuerzo por desprestigiarse a sí misma, y para ello no necesita ayuda

La Asamblea Nacional ha hecho un sobresaliente esfuerzo por desprestigiarse a sí misma, y para ello no necesita ayuda. Las conductas individuales mostradas por algunos diputados en sus curules, y en algunos casos hasta en el plano personal, no contribuyen demasiado a que la ciudadanía sienta apreciación por el rol que dicho órgano del Estado está llamado a ejercer. Sin embargo, se comienzan a escuchar voces que claman por un golpe de Estado, que es lo que sería disolver la Asamblea. Primero era solo en redes sociales de parte de algunos ciudadanos hastiados por la juerga de corrupción desenfrenada a que nos vienen exponiendo los últimos Gobiernos, pero ya en días recientes, con motivo de la nefasta partida 080, algunas voces comienzan a pedirlo abiertamente en programas televisivos y radiales.

Resulta muy preocupante ver cómo todos los cañones desde ciertos sectores parecen enfocarse hacia la Asamblea Nacional, como si esta se hubiese asignado solita la partida 080. La partida 080 contemplaba B/4000 para cada diputado, pero en el año 2015 dicho monto se aumentó a B/30 000. Importante señalar que el presupuesto del año 2015 fue el primero que confeccionó el actual Gobierno, ya que el Presupuesto General del Estado del año 2014 fue elaborado por el Gobierno anterior. Aunado a esto, el presupuesto total de funcionamiento de la Asamblea Nacional ha aumentado de manera sustancial durante el actual período de Gobierno, de B/65.6 millones para el año 2014, a B/122 millones para el año en curso, que es casi el doble. Todos los presupuestos anuales de la Asamblea desde 2015 hacia acá, han sido muy superiores al de 2014, y el 80 % del incremento, según reportaje reciente de un medio televisivo, ha sido para cubrir gastos administrativos. Esto revela que desde el inicio, el Gobierno de Juan Carlos Varela desatendió su promesa de campaña de recortar el presupuesto de la Asamblea Nacional para reorientar esos fondos a la descentralización.

La Asamblea Nacional no crea ella sola el Presupuesto General del Estado. Este es preparado por el Ejecutivo, requiere su aprobación en Consejo de Gabinete antes de ser presentado a la Asamblea y esta, durante su discusión, puede reducir o hasta eliminar partidas, pero no puede aumentar ninguna de las erogaciones previstas en el proyecto de Presupuesto ni mucho menos crear nuevas partidas sin la aprobación del Consejo de Gabinete (vid. artículo 271 de la Constitución Política). De modo que el despilfarro de recursos de los contribuyentes que ha constituido la comidilla de las últimas semanas, no habría sido posible sin el beneplácito y la colaboración del Ejecutivo. ¿Con qué propósito?

Hay que recordar que el partido en el poder solo cuenta con 16 curules. Puede sumársele la única curul que tiene el Partido Popular, con que forma alianza de Gobierno, y así llega a 17. Esto no constituye ni una cuarta parte de los votos en la Asamblea Nacional. No pienso defender a las bancadas de la mal llamada oposición que, al menos hasta hace muy poco, resultaron tan complacientes hacia el Ejecutivo como lo fue también por mucho tiempo gran parte de la Asamblea del período de Gobierno anterior frente a Ricardo Martinelli. La Asamblea Nacional ha dejado mucho que desear en cuanto a su función de contrapeso al poder del Ejecutivo. Pero la pretensión de que la Asamblea es la única responsable del burdo desfalco de millones y millones en nombramientos de familiares y allegados en dicho órgano del Estado, es ridículo y además, un insulto a la inteligencia de los panameños. La compra de conciencias de los diputados que tanto criticamos en el Gobierno anterior, la viene haciendo el actual Gobierno de igual manera, pero por alguna razón que desconozco, tal pareciera que lo que antes era malo, ahora es inocente. ¡Cuatro patas sí, dos pies mejor!

Por muy horrorizados que estemos del despilfarro vulgar de nuestros recursos, los golpes de Estado son cosas que siempre sabemos cómo inician, pero nunca cómo terminan. Por más que al calor del momento muchos quieran clamar por un acto de cesarismo de disolver la Asamblea, nos vendría bien recordar la advertencia que la senadora Padme Amidala nos hace al final de La Venganza de los Sith: ‘Con que así muere la libertad. Con estruendosos aplausos'.

Mucho cuidado con lo que se pide.

ABOGADO