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18 de Oct de 2019

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Samuel Lewis Galindo

Columnistas

Aspirantes a la Presidencia

El presidente se quedó varios minutos en completo silencio y después nos manifestó que prefería que yo reemplazara a mi hermano

Hoy, hay más de 12 ciudadanos que han anunciado sus aspiraciones para llegar a la Presidencia de la República en las próximas elecciones. De producirse alianzas políticas, como la experiencia indica, el número podría reducirse, posiblemente, a unos cinco o seis.

A muchos de los aspirantes al Solio Presidencial los conozco bastante bien. Unos son viejos amigos y a otros sé muy bien de su trayectoria de éxitos en la vida pública y privada. Y a los que me son desconocidos, los respeto por haber tenido el valor de hacer públicas sus aspiraciones. No obstante, tengo que señalar que, hasta la fecha, el único que ha presentado un ‘Plan de Gobierno' es el Dr. Ernesto Pérez Balladares. Aunque no ha declarado su candidatura, todas sus reuniones y actos a los que asiste, indican que aspira. He sentido mucho respeto y simpatía por ‘el Toro', por haber estado cerca de él en dos años de su administración. Por esa razón inicio con él mis comentarios sobre los candidatos.

Encontrándose Gabriel en los EE.UU., enfermo de extrema gravedad, esperando el trasplante pulmonar, que era su única opción de sobrevivir, Samuel, mi sobrino, y yo le pedimos una entrevista al Dr. Pérez Balladares para expresarle que Gabriel no estaba en condiciones para seguir al frente de la Cancillería y que nos permitíamos recomendarle el nombramiento para su reemplazo del Dr. Ricardo Alberto Arias. El presidente se quedó varios minutos en completo silencio y después nos manifestó que prefería que yo reemplazara a mi hermano. Le di las gracias y le expliqué las varias razones por las cuales no podía aceptar su generoso ofrecimiento. Tanto mi sobrino como yo le insistimos de los beneficios para su Gobierno de nombrar a un profesional de gran prestigio como el Dr. Ricardo Alberto Arias. Pocos días después lo nombró.

Cuando Pérez Balladares tuvo noticias del fallecimiento de mi hermano Gabriel, quien fue su amigo, ministro y asesor, lo vi muy conmovido y derramando lágrimas. Me impactó mucho ver a ese hombre tan grande y fornido tener un corazón tan sensible. Se notaban en su rostro la pena y el dolor que lo embargaban. Al día siguiente del funeral de mi hermano, el presidente me llamó y me dijo, palabras más o menos: ‘Deseo que tú ocupes el puesto de Gabriel y seas mi asesor y estés muy cerca de mí'. Le dije, sin pensarlo dos veces, que sí, aunque con la condición de sin nombramiento alguno y sin ningún emolumento. Es decir, completamente ad-honorem. Deseaba ayudarlo a mejorar el país que sabía eran sus intenciones y las mías.

Tanto Gabriel como yo no pertenecíamos a su partido, así que no teníamos, en nuestros consejos, ninguna atadura. Tuvo el Dr. Pérez Balladares la amabilidad de invitarme a varios consejos de Gabinete y también a algunas reuniones con la plana mayor de su partido. Siempre le di a conocer mis puntos de vista sobre sus políticas, nombramientos, etc. Ellas fueron, por lo regular, hechas en las reuniones del Gabinete y en algunas ocasiones, en privado.

Observé, en esos dos años, que el Dr. Pérez Balladares tenía gran visión de estadista, era valiente, tenía coraje, valor y gran firmeza, lo que en panameño es: ‘tener los pantalones bien puestos'. Siempre estuvo acompañado por su esposa, doña Dorita Boyd de Pérez Balladares, excelente ‘primera dama' y una gran señora.

Tengo la seguridad de que le serví bien, pues me encomendó dos misiones muy difíciles en las cuales él estaba muy empeñado: ponerle fin a las jubilaciones especiales y terminar con la huelga de médicos de la CSS. En ambos tuve éxito.

En la primera —las jubilaciones especiales— me acompaño el joven, en ese entonces, Carlos Vallarino. Fue paciente, muy locuaz y gran expositor, después ocupó otros cargos públicos muy importantes. En la segunda —la huelga médica— tuve la compañía de mi amigo Raúl Arango Jr. El Dr. Pérez Balladares, en agradecimiento por mis gestiones, me envió una carta muy expresiva y un obsequio que guardo como recuerdo de los esfuerzos que hice en un trabajo muy delicado que llevé a cabo por el bienestar de mi país y que él tuvo la confianza de encomendarme.

Espero que todos los candidatos le presenten al elector sus planes, al igual que hizo el Dr. Pérez Balladares que incluyan las reformas constitucionales puntuales que piensan que son las necesarias. Eso les permitirá a los votantes tener un mejor conocimiento de los propósitos que animan a quien deberá reemplazar al actual mandatario. El nuevo presidente tendrá que afrontar además de los problemas que hoy tiene el panameño como: el desempleo, la falta de seguridad, la elevadísima deuda, el alto costo de la vida, el exceso de basura, la falta de agua, entre otras necesidades. Como prioridad su nuevo Gobierno —aprovechando los ‘100 días'— deberá promover las reformas a la CSS, algo que es impostergable, así como la actualización del Código de Trabajo. Ellas tendrán para el futuro mandatario un alto costo político, por lo que se necesitará de él mucho coraje, decisión y visión de futuro.

‘Los gobernantes no son quienes llevan cetro, si no los que saben mandar para beneficio de los pueblos', Sócrates.

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