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17 de Oct de 2019

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Ernesto A. Holder

Columnistas

Transfiriendo el mal

‘[...] ¿alguien cree que esto terminará bien? No es pesimismo; pero los que hacen bien [...] son marginados por (sus) mismas comunidades [...]'

Varios de los implicados en los casos de alto perfil están encausados conjuntamente con familiares, incluyendo esposas, madres e hijos. Gente de por sí con dinero y acomodados; de buena educación. Una de las investigadas se apareció en la audiencia, la semana pasada, en compañía de tres menores de edad, según reportaron los medios de comunicación social. Los diputados tienen ‘emplanillados' a sus familiares, amigos, etc., con funciones que no pueden explicar. Además, los propios diputados ejercen funciones que no les competen, pero ese no es la intención de este escrito.

Una pareja espera a una profesora en las afueras del colegio en el área de San Miguelito para entrarle a golpes. Son acudientes de un estudiante del plantel escolar; pero resulta que la madre de la agresora también es docente del plantel, o sea, colega de la agredida. Si hacen una búsqueda en Google, encontrarán muchos casos de agresión a educadores en Panamá por parte de estudiantes y sus acudientes ocurridos en los últimos años.

Un menor de aproximadamente 14 años de edad entra a una residencia, en el oeste de la ciudad, cerca de las cuatro de la madrugada, con dos compinches más, un jueves, día de clases. El dueño se defiende y lo mata. Horas después los familiares del muerto acuden al nosocomio en donde se encuentra el afectado para agredirlo a él y a sus familiares.

Un ‘dirigente' de la Juventud del Partido Revolucionario Democrático escupe la cara a un policía; pero el joven dice que antes de grabar el video, que el mismo subió a las redes sociales, estaba siendo abusado por el agente.

No voy a gastar espacio aquí refiriéndome a la cultura social del pasado. Y también sé que no podemos generalizar. Hay gente buena que sale todos los días a buscar lo mejor para ella y sus hijos. Jóvenes tratando de desarrollarse en el marco de este sistema educativo caduco y desfasado.

Pero lo que ocurre en materia de conducta social, es como un cáncer. Los que hemos tenido amigos y familiares con ese mal, sabemos que la primera señal de esa enfermedad en el cuerpo, representa una amenaza. Generalmente, después del susto tratamos de ponerle cara positiva al asunto y hacer lo necesario para combatirlo.

El cáncer del ‘juegavivo' se ha regado. Está en todas las capas sociales y amenaza nuestra existencia. No es un mal de una clase en particular. La proclividad de delinquir está en todas las capas sociales. Nos ha costado ya miles de millones de balboas... aún no hemos contabilizado todo lo que se han robado y cada día es más peligroso el tema de la seguridad, aunque las estadísticas de las autoridades digan lo contrario.

Los ejemplos que señalé más que nada tienen la intención de evidenciar que los de hoy, están dispuestos a enredar a sus hijos (las futuras generaciones) y contagiarlos del mismo mal. Hay muchos otros ejemplos, incluso los que aún tienen el cuidado de la discreción. El padre que le dice a sus hijos que ‘no te dejes de nadie ni de la maestra. Sácale la chu... que yo te voy a defender', hasta el hijo del empresario que le enseña cómo montar varias empresas para licitar y ganarse el contrato de todas maneras... burlar el sistema. El peligro está en acostumbrarnos a que así son las cosas: las acciones del empresario y del acudiente.

Por tercera vez pregunto: ¿alguien cree que esto terminará bien? No es pesimismo; pero los que hacen bien —cultura, estudian y andan por el camino de dignidad y superación— son marginados por las mismas comunidades de las cuales forman parte. Difícil superar las tácticas clientelistas de los malandrines y el miedo que nos infunden los maleantes. La cultura social no abre espacios para participar con una visión diferente.

Además, los ejemplos señalados, sumados a la frivolidad de los medios y las redes sociales con la dependencia de los ‘likes', dejan en evidencia que el relevo generacional está contaminado: gravemente. Ese grupo de nacionales que deberá asumir la conducción de la cosas del Estado dentro de un par de décadas, está expuesto, por sus propios padres, a las conductas que arriba señalamos.

Una sociedad en peligro debe atender el cáncer social. Si queremos que esto termine bien, salvarnos, se debe comenzar por allí.

COMUNICADOR SOCIAL.