La Estrella de Panamá
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15 de Oct de 2019

Alexis Sánchez

Columnistas

A la calle, justicia para el padre Gallego

‘[...] todos aquellos que vivimos [...] la dictadura luchando por esta consigna: ‘Héctor, ¿dónde estás?', [...] debemos [...] caminar (al) Ministerio Público [...]'

Cómo me gustaría tener la capacidad para convocar a una manifestación pacífica frente al Instituto de Medicina Legal de la Procuraduría General de la Nación y exigir un pronunciamiento ya sobre el padre Héctor Gallego.

Hace unos meses escribí en este mismo diario (ver artículo en dos partes 27 de febrero y 1 de marzo) que se había identificado al padre Gallego, pero la respuesta de las autoridades fue el silencio. Más recientemente se ha visto en los medios a la hermana del padre diciendo tener información respecto a una identificación oficial, y el silencio de las autoridades sigue siendo la respuesta. Esto es una gravísima violación a los derechos humanos, pero parece que en Panamá las autoridades no aprenden. La Corte Interamericana ya condenó a Panamá en el caso de Heliodoro Portugal, diciendo que el manejo del proceso de identificación conducido por el procurador de entonces era una ‘violación a la integridad personal (artículo 5 Convención Americana) de los familiares', o sea que se torturaba a los familiares cuando llevaban un proceso de identificación unilateral, sin información, creándoles una angustia innecesaria. Hoy se hace lo mismo.

Casi dentro de un mes (el 18 de julio) se cumplen 47 años de la primera manifestación multitudinaria contra la dictadura militar para exigir la verdad y la justicia por el padre Héctor Gallego. Espero que las autoridades digan algo antes de esa fecha pues, de lo contrario, sugiero a todos (familiares, Iglesia, campesinos de Veraguas, organizaciones cívicas, sindicales, juventudes que se animan hacia la JMJ, etc.) que nos vayamos organizando para una gran manifestación por la verdad y la justicia. Creo que esta manifestación debe ir más allá de la verdad por el padre Gallego y se debe exigir también la verdad por los otros casos que el Ministerio Público no termina de explicar: ¿Cómo es eso de que Marlene Mendizábal murió ahogada? ¿Qué peritaje científico sostiene esto y por qué los familiares no tienen acceso a todos los detalles de esa conclusión?

Ocultar ahora, con la ciencia, el crimen de Falconett y Mendizábal es una complicidad con aquellos responsables del asesinato que fueron encubiertos por un tío con poder militar y que ahora también está apareciendo como cómplice del encubrimiento del crimen contra el padre Gallego. Su cuñado lo habría herido de gravedad, según el testimonio de Manuel Antonio Noriega.

Pero no solo está el caso de Mendizábal: ¿Cómo es posible que ya vamos para el año de haberse identificado a Teodoro Palacios Hurtado y aún los familiares no tienen en sus manos los resultados oficiales explicados con el detalle que se merecen, según corresponde desde el punto de vista de los derechos humanos? Igual se hizo con el caso Mendizábal y el de Andrés Fistonich; es decir, se está actuando con una crueldad inaudita hacia el dolor de los familiares que llevan décadas esperando por la verdad y cuando las autoridades la alcanzan, se la ocultan, dejando correr rumores que los torturan más. Si eso no es ser cruel, explíquenme el significado de esta palabra.

La Iglesia, los familiares de asesinados y desaparecidos, los sindicatos que durante años se han pronunciado por las víctimas de la dictadura, los campesinos de Santa Fe, todos aquellos que vivimos los años de la dictadura luchando por esta consigna: ‘Héctor, ¿dónde estás?', todos debemos ir pensando en reunirnos para caminar hasta el Ministerio Público exigiendo un pronunciamiento oficial.

Hace unos meses los hermanos indígenas bajaron de las montañas para exigir en la entidad del Ambiente una respuesta que nunca llegaba. Se plantaron en los alrededores del edificio y no se fueron de allí hasta que la autoridad se vio obligada a responder en unas horas lo que durante meses, les había negado. Hagamos lo mismo exigiendo la verdad y la justicia por el padre Gallego.

EL AUTOR ES EXINVESTIGADOR DE LA COMISIÓN DE LA VERDAD DE PANAMÁ.