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16 de Oct de 2019

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Ricardo Arturo Ríos Torres

Columnistas

Besigó, la líder y Rosa Montezuma, la reina

La cultura es cinética y dialéctica, humaniza el devenir histórico de las naciones, las hace más respetables, las dignifica.

La cultura es cinética y dialéctica, humaniza el devenir histórico de las naciones, las hace más respetables, las dignifica.

La década de 1960, en las faldas de la Serranía del Tabasará y en la confluencia de los ríos Balsa y Fonseca en el distrito de San Lorenzo en Chiriquí, surge un movimiento feminista, pacifista, religioso y autónomo conocido como Mama Chi, dirigido por Delia Bejarano de Atencio o Besigó.

Besigó o Mama Chi, después de la conquista española, logra unificar al pueblo Guaymí. La extraordinaria mujer inicia una revolución ética con proyecciones sociales y políticas.

Besigó es víctima con su marido de la huelga bananera que estremece a Chiriquí en 1960, cuando miles de gnäbes son despedidos en represalia por la lucha sindical. Delia tiene en eso momento 19 años.

La extrema pobreza de los ngäbes-bugles se acentúa con el desempleo y los despojos de sus tierras por los latifundistas y campesinos latinos en las regiones aledañas. El maltrato y explotación de la mano de obra en las zonas cafetaleras, bananeras, ganaderas y cañaverales de Chiriquí, Bocas del Toro, Veraguas y Coclé (bajos salarios, falta de seguridad social) alimentan el resentimiento secular contra la sociedad panameña, el cual se agrava por la ausencia de una política estatal hacia los aborígenes.

La corrupción de las costumbres y la pérdida de los valores tradicionales por la aculturación, se acentúa con el alcoholismo en la población masculina. La fragmentación del pueblo Ngäbe se agudiza por la balsería, la chichería y la poligamia.

Besigó, ante el caos existencial, levanta la bandera de la redención de una comunidad ansiosa de renovar la fuerza anímica de sus ancestros. Besigó desarrolla un liderazgo en la región del Doboteme que incluye la zona guaymí de Costa Rica.

Mama Chi plantea una acción pacifista al estilo de la no violencia de Gandhi y Martin Luther King. Aspira a superar la discordia entre los mismos ngäbes: ningún guaymí debe golpear a sus mujeres ni a sus hijos.

Mama Chi rechaza la poligamia y exige el respeto a la mujer, reclama que ellas tienen el derecho a ser caciques y a dirigir sus comunidades, gracias a Besigó hoy muchas mujeres son líderes. Ella también exige el derecho de las mujeres a ser sukias (médicos y sacerdotes), hoy más de 700 mujeres son sukias; se opone al rito de la claridad que, hasta ese momento, era exclusivo para los hombres. Besigó es una de las primeras feministas de Panamá y lo hace con hechos concretos y sin retórica.

Mama Chi orienta una protesta cívica contra el orden institucional de los ‘latinos'. Prohibe el uso de las cédulas, se niega a registrar los nacimientos y defunciones, solicita que los niños abandonen las escuelas y la entrega de los infantes a las familias latinas para su cuidado. Ignora la autoridad del corregidor.

El Movimiento de Mama Chi es un NO rotundo al Estado panameño, es la manera de denunciar el abandono de sus comunidades. La rebelión sin violencia se diferencia de la Revolución de Tule en 1925 en San Blas.

El amurallamiento es la respuesta radical contra los latinos.

Besigó o Mama Chi propone una nueva moral individual como colectiva, aspira a una sociedad fraternal y solidaria entre los ngäbes; denuncia la sumisión de la mujer con prácticas como la poligamia, el rito de la claridad y la chichería que lleva al maltrato de mujeres y niños.

Mama Chi prohibe la balsería, pues lleva al alcoholismo y la perversión de sus costumbres. Mama Chi promueve la solidaridad étnica, así surge el Movimiento Pan-Ngäbe, fundamento para la politización de su pueblo.

El pueblo oprimido encuentra un nuevo cauce para afirmar su identidad, exigen la demarcación de su comarca, el reconocimiento a su cultura, miles de ngäbes demandan su derecho a existir en un espacio propio.

Rosa Montezuma, al ser elegida como la Señorita Panamá al Concurso Miss Universo, es un homenaje y reconocimiento a Delia Bejarano de Atencio, Besigó o Mama Chi. Las mujeres indígenas dejan de ser invisibles. Rosa encarna los ideales de Mama Chi.

Somos una nación aluvional, somos muchos rostros en uno, nuestra identidad es múltiple, la diferencia nos caracteriza.

Recomiendo, para ampliar información, la lectura del ensayo ‘Rebeliones contemporáneas de los aborígenes panameños', en mi libro ‘Los rostros del tiempo' solo está en Riba Smith.

HISTORIADOR, ESCRITOR Y DOCENTE.