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16 de Oct de 2019

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Juan Bosco Bernal

Columnistas

Gestión del talento en las universidades

Se señala con frecuencia que una institución que no investiga ni tiene innovaciones, no puede llamarse universidad

Las universidades contemporáneas son multidimensionales. En general su componente más fuerte es el académico (carreras y programas académicos, docentes, estudiantes, currículo, pedagogía, evaluación). En algunas universidades es la única misión importante. Además del anterior, se cuenta con la misión de investigar y de innovar. Esta dimensión tiene una importancia creciente en las universidades y los países que buscan mejorar su nivel de desarrollo humano, mediante el conocimiento.

Se señala con frecuencia que una institución que no investiga ni tiene innovaciones, no puede llamarse universidad. La investigación es una estrategia de gran impacto, pues permite a estudiantes y docentes crear conocimientos nuevos y actualizar los existentes, sistematizarlos, difundirlos y aplicarlos para resolver problemas y situaciones que aquejan la vida y el bienestar de diversos grupos de población (agua potable, alimentos, viviendas, analfabetismo, rezago y exclusión escolar; educación y productivo, tecnología digital en la salud, la educación; personal docente, transporte y las comunicaciones, entre otras). Es decir, todo conocimiento e innovación que contribuya al desarrollo humano sostenible de la nación.

Otros pilares bien diferenciados, son la Extensión Universitaria, la Internacionalización y los Servicios Técnicos Especializados. Una misión universitaria orientada, fundamentalmente, a educar fuera de las aulas comunes, al margen de las clases magistrales de los docentes y muy cerca de las necesidades, aspiraciones y esperanzas de la gente del campo, de las comunidades indígenas y de las áreas urbano marginales.

En el caso de la Universidad Especializada de las Américas (Udelas), esta misión se cumple mediante el desarrollo comunitario, utilizando una metodología científica elaborada en la propia institución con especialistas de México y Panamá; formación de líderes comunitarios, educación continua, mediante seminarios y cursos en comunidades pobres y pueblos originarios; diplomados (capacitación a la medida de la demanda de las instituciones y organizaciones que la solicite), foros, como medio de lograr la sintonía entre la universidad y los problema o temas sensitivos de la sociedad. La movilidad y el intercambio de estudiantes y profesores extranjeros, tiende a intensificarse.

En el ámbito de los servicios técnicos especializados, se cuenta con el sistema nacional de clínicas universitarias con puntos estratégicos en la Sede Central, San Miguelito, Veraguas y Chiriquí, y con proyecciones hacia Colón, Azuero y Coclé. También está el Centro de Atención a la Diversidad (CADI) que cumple diferentes funciones, primordialmente, la atención a la niñez con discapacidad (ceguera y baja visión, sordera, autismo, síndrome de Down, espina bífida, movilidad disminuida) y con necesidades educativas especiales (dislalias, diglosias, disartrias, mutismo, afasias, la hipoacusia, entre otras). Todas estas terapias son atendidas por profesionales de alta calidad y compromiso institucional.

También se apoyan a estudiantes de la Udelas con discapacidad o con NEE. Todas estas profesiones, casi únicas, son ofrecidas por la Udelas, logrando elevadas competencias y valores en sus graduados.

La capacidad adaptativa, evolutiva y de cambios, es propia de las instituciones inteligentes, que aprenden de la experiencia, los problemas, los obstáculos y, también, de los éxitos. Todos estos procesos están sustentados en las personas, en su formación, motivación, habilidades y actitudes. Cuando el conocimiento adquirido por las personas, en los diferentes niveles de la organización, se comparte, se socializa y se enfoca hacia un objetivo común. Estas instituciones avanzan significativamente hacia nuevos estadios de rendimiento, visibilidad e impacto en su entorno.

La innovación es otra característica inherente a las organizaciones inteligentes. Cuando el conocimiento generado es aplicado y tiene éxito en un método, procedimiento o en una nueva forma de hacer aquello que le corresponde, estás frente a una innovación. En las universidades se puede innovar en diversos planos: curricular, pedagógico, prácticas universitarias, gestión y atención a los usuarios, evaluación de cursos, carreras y programas académicos; tutorías y acompañamiento a los estudiantes, la investigación en el aula y fuera de ella, el desarrollo comunitario, la red de estudiantes y profesores investigadores; en la difusión del conocimiento científico y cultural; en la participación de los actores en la toma de decisiones de la institución; en el desarrollo comunitario, en las comunidades de aprendizaje; en el uso de celulares para los aprendizajes, las aulas virtuales y el aprendizaje de idiomas.

La universidad como organización requiere mucho de las habilidades y conocimientos de los distintos estamentos que la integran (estudiantes, docentes y personal administrativo), así como del talento de su directivos (decanos, directores de extensiones universitarias de institutos y centros, representantes ante los órganos de Gobierno, vicerrectores, directores de dependencias administrativas y del propio rector o rectora). Como bien lo afirma Gairín, ‘nada se puede hacer sin la implicación y la experiencia compartida de los trabajadores, pero esto será insuficiente, si no hay directivos capaces de imbricar las aportaciones en el marco institucional y hacerlo funcional a sus políticas y necesidades'. (Gairín, J. y Mercader, C. (2018), Liderazgo y Gestión en las Organizaciones. EDO. Barcelona).

En todo ello la formación continua es clave. Se debe pasar de los cursillos y charlas a los auténticos procesos de aprendizaje. Las universidades poseen una gran ventaja; tienen a los mejores especialistas y talentos para ese proceso de aprendizaje: profesores, investigadores y los propios directivos. Por eso, es indispensable potenciar a estos formadores para que desarrollen plenamente sus capacidades como expertos y referentes en los procesos y resultados de la institución. El uso de las tecnologías digitales permite ampliar y fortalecer estos aprendizajes, como son: las plataformas, canales y dispositivos de formación en red, los celulares y las propias computadoras, son herramientas valiosas en el siglo XXI.

En sus sabias palabras, Henry Ford, uno de los teóricos de la administración y gerente industrial más destacado de principios del siglo XX, decía: ‘Solo hay algo peor que formar a sus empleados y que se vayan... no formarlos y que se queden'.

Las universidades llegarán tan lejos como la organización forme, potencie e incentive oportuna y eficientemente al talento humano.

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