25 de Feb de 2020

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Tianguis chorrerano

Ya no quedaba allí la esquina del local de ventas para los transeúntes, ni el espacio respectivo al interior

Al bajar del bus en el parque Feuillet en La Chorrera, miré instintivamente hacia la acera opuesta y llamó la atención que el espacio donde estuvo ubicado desde tiempos inmemoriales el mercado popular, ya no estaba. Vino a la mente una palabra; ‘cavanga' y me pregunté ¿No será cabanga? Fue una doble sensación; no estaba el local con los puestos de venta y aquel postre fascinante preparado con papaya verde, leche, miel y especies.

Sí, recuerdo que allí en algún punto se encontraba ese dulce casero, cuya preparación consistía en cocer esos ingredientes; luego se producían unas tabletas rectangulares color caramelo y se envolvían en hojas secas de ¿plantas de maíz o cañaverales? y se ataban. Cabanga le llamábamos y eran un deleite para el gusto. Su nombre provenía de sinónimos en otros idiomas que aluden a tristeza, nostalgia y en portugués ‘saudade'.

Ya no quedaba allí la esquina del local de ventas para los transeúntes, ni el espacio respectivo al interior. Me pregunté que dónde estaban los vendedores y al poco tiempo, pude lograr la respuesta. A un costado del famoso parque de esta ciudad que ha crecido de manera desproporcionada; hay una callejuela, paralela a la vía principal donde se encuentran todos los puestos con sus mercaderes que venden en plena vía pública.

Es una especie de tianguis callejero con toldas, partes traseras de camiones, pequeños bancos y mesones en esquinas donde se puede encontrar los diferentes abarrotes, carnes de porcino, aves y hasta mariscos. Un señor con dos grandes neveras en la parte trasera de un pequeño vehículo de carga, abrió las portezuelas y enseñó pargos, corvinas y otros mariscos que reposaban sobre el hielo; ‘frescos y baratos, se lo ofrecemos, mi hermano', dijo.

Junto a la puerta de un minisúper, alguien exhibía frutas y una gran guanábana. ‘Se vende según peso y si al abrirla la encuentra ‘mala'; puede traerla de vuelta y se la cambio, que estoy aquí todos los días'. Otro, mostraba mazorcas tiernas que tenían un precio de tres unidades por dólar. ‘¿Se las entrego así o prefiere que le quite el capullo? Están recién cosechadas y sirven para sopa o hacer una ‘pesada' (crema cocida dulce) con nance'.

Los tianguis son mercados populares informales que comunidades indígenas precolombinas utilizaban para el intercambio, como un comercio de baja escala en que el público adquiría los requerimientos domésticos; desde un clavo, una herradura hasta la alimentación básica porque los agricultores bajaban de las montañas o salían de campos con las verduras, hierbas, hortalizas y preparados hogareños como ahora, las raspaduras, suspiros, bollos y tamales.

La Chorrera, poblado que estaba en el centro de un gran territorio con playas y montañas, tenía su mercado para el expendio de aquello que satisfacía el consumo local. Al parecer, estaba situado en un predio que ahora ha sido vendido y los pequeños tenderos, se han visto obligados a salir y situarse en los alrededores. Quienes van en busca de los comestibles y otras vituallas, deben deambular para encontrar lo que requieren.

Las inclemencias climáticas con casi ocho meses de lluvia, afectan a todos en este panorama del centro de la nueva provincia de Panamá Oeste. Las autoridades del área deberían hacer un estudio sobre las características socioculturales y económicas de la población para establecer las condiciones que deben definir la construcción de un moderno mercado para los consumidores de esta, ahora extensa y llena de urbanizaciones, ciudad satélite.

Es necesario dar salida a pequeños hombres que no cuentan con esquemas sofisticados para llevar sus cosechas a los grandes supermercados que están situados en los diferentes puntos de esta urbe. Es preciso conservar este céntrico lugar en que pequeños vendedores y marchantes promueven la economía popular.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO