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15 de Oct de 2019

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Ernesto A. Holder

Columnistas

El mismo juego

‘Las respuestas son claras y el juego electorero que comienza no dará para los correctivos fundamentales'

El mismo juego

Robert Fritz propuso que: ‘Arreglar algo significa que podemos tomar lo que existe y repararlo. Rediseñar algo significa comenzar a partir de la nada y reconsiderar las premisas básicas que nos guían'. He sostenido a lo largo de los últimos años que esto no tiene arreglo. Creo que, para avanzar este país por la senda del desarrollo colectivo y mejores condiciones de vida, particularmente para los más necesitados, hace falta una profunda revisión de las ‘premisas básicas que nos guían'.

Menciono esto (y para este artículo me apoyo de señalamientos publicados en entregas anteriores) porque la semana pasada oficializaron sus precandidaturas varios miembros del Partido Revolucionario Democrático. Ya los del Partido Cambio Democrático realizan campañas a lo interno de ese colectivo en miras a la candidatura presidencial. Lo que percibo es, como decimos en buen panameño, ‘más de lo mismo'; y no veo en ninguno de los precandidatos señales claras que me indiquen que están realmente dispuestos a ‘comenzar a partir de la nada': combatir y disminuir la corrupción a su más mínima expresión, requiere de intenciones concretas, posturas claras y decididas y entender que no van quedar bien con los círculos económicos y de poder.

Ese enunciado ‘comenzar a partir de la nada' para muchos puede parecer irreal y utópico; pero no lo veo así. En una sencilla escala del uno al diez, este país funciona en un grado de corrupción entre el tres y el ocho… y creciendo. Un ejemplo sencillo… aún podemos confiar en que un médico, con las evaluaciones puntuales y correctas, nos diga claramente, sin titubeos, qué tanto estamos afectados por una enfermedad: ‘Usted tiene un cáncer y vamos a tratarlo de la mejor manera para salvarle o prolongar su vida'. Ese grado de honestidad aún es bastante confiable. Por otro lado, con el automóvil, no siempre el diagnóstico del mecánico es enteramente confiable… a muchos nos ha pasado: ‘Ya está su auto, quedó como nuevo', muchas veces descubrimos el juegavivo en el lleva y trae, más cambio de piezas, el auto nos deja regado por la calle, no arranca al día siguiente, etc. Es un modus operandi establecido que el conjunto de la sociedad sabe que debe tener presente.

Deetz, Tracy y Simpson en su libro Leading Organizations Through Transition: Communication and Cultural Change, sugieren que ‘La cultura involucra las suposiciones más básicas de las personas sobre la naturaleza de su mundo y de las personas que lo habitan'. La naturaleza de este pequeño mundo en que operamos se ha desvirtuado considerablemente en favor de los que tratan y logran sacar ventaja del resto de los ciudadanos. De los que nos dicen que ‘el automóvil está bien', mientras seguimos a pie y nos siguen cobrando.

La naturaleza de este mundo está sumida en una corrupción enfermiza. Los criterios y reglas que nos han traído hasta este momento en lo concerniente a la política y la gobernanza deben cambiar de raíz. Ninguno de los precandidatos ha declarado claramente su intención decidida de acabar con lo que sucede en la Asamblea Nacional; cambiar la cultura general instaurada en las últimas décadas, con una intención de reconstruir la cultura social y política con miras a que todos disfrutemos de las oportunidades de desarrollo. Así como estamos, eso no está ocurriendo.

Escribí alguna vez en los últimos años que debiéramos como sociedad estar encaminados a un estado superior de desarrollo, pero eso no está ocurriendo. Las conductas en práctica suelen convertirse en ley si nadie se atreve a actuar por el bien común y la impresión popular es que nadie quiere cambiar el juego y reformularlo para el bien de todos. Y si nuestro sistema organizativo no inicia un proceso serio que involucre correctivos inmediatos para revertir las conductas y condiciones actuales de injusticia e iniquidad, el juego seguirá su camino de deterioro irreversible.

Un cambio fundamental en la cultura, decía Senge, radica en el hecho de que las organizaciones, en este caso el Estado, ‘continuamente expande su capacidad para crear los resultados que ellos realmente desean'. La pregunta de fondo es: ¿qué clase de gobernantes queremos?, ¿qué resultados realmente deseamos como sociedad?, ¿qué clase de país realmente queremos ser? Frente a lo vivido en las últimas décadas, las respuestas son claras y el juego electorero que comienza no dará para los correctivos fundamentales.

COMUNICADOR SOCIAL