La Estrella de Panamá
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14 de Oct de 2019

Luis Carlos Guerra

Columnistas

La política de las miserias

Las necesidades sociales en un sistema político no tienen representantes sino usureros

Los sentimientos que se generan en un ciudadano común contra aquellos que supuestamente deben velar por la correcta aplicación de la justicia, la salvaguarda de los bienes públicos, la correcta administración de los impuestos y la mejor distribución de la riqueza nacional y no lo hacen, pasan desde la esperanza infinita de cambios hasta la aplicación más severa de acciones. Es que convivir en una sociedad donde sus estructuras político administrativas son fallidas y controladas por sujetos que en algunos casos son incultos del respeto a los demás, otros con antecedentes conductuales delictivos, los más con riquezas y estabilidad económica obtenidas del erario público, mientras los que no pertenecemos a esos grupos nos queda ser expectantes de un círculo vicioso donde los mismos de siempre que criticamos y son los responsables de toda una década de políticas públicas, vuelven a ser los mismos elegidos, convirtiéndose en una ‘mafiocracia' política que se protege a sí misma, para la cual si existen los sistemas legales y sus beneficios, para la cual todo es una persecución en su contra cuando de delitos se trata, para la cual exigirles rendición de cuentas es un insulto y ataque político, puede derivar en trastornos psicosociales de consecuencias anarquistas.

Lo cierto es que ‘la necesidad tiene cara de perro', tal cual un viejo adagio, quieren acostumbrar a la gente a comer de las migajas de un sistema que ellos controlan, y al sentirse el ciudadano impotente no le queda otra opción que aceptar lo mismo de siempre. Al político delincuente le conviene tener a un pueblo necesitado de elementos básicos para vivir, subsistir, convivir, la delincuencia siempre encuentra nido entre la necesidad física o emocional de los sujetos, y cuando el sistema económico colapsa toda la estructura social se impacta, obligando al angustiado a recibir lo menos teniendo derecho a lo más, es un costumbrismo político educacional, una especie de paradigma mental: es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer o tal vez una estrategia aristotélica muy bien definida: ‘la multitud obedece más a la necesidad que a la razón y a los castigos más que al honor'

Me rehusó a pensar que somos presos de la necesidad, recuerdo una frase de Eduardo Galeano: ‘Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen' a fin de cuentas y lamentablemente somos cautivos de un sistema que promueve la escasez para generar la necesidad y consecuentemente el endeudamiento que a su vez distorsiona la capacidad de razonamiento a fin de obtener resultados cíclicos de representatividad política delincuencial y de grupos de poder que se alimentan de todos los anteriores.

Las necesidades sociales en un sistema político no tienen representantes sino usureros. Una democracia que no reconoce que sus instituciones realmente tienen crisis institucional no por sus funciones sino por sus funcionarios, es ignorar dolosamente la realidad, así como pensar que la funcionalidad democrática o democracia funcional es la permisión de todo aquello que tenga apariencia de legalidad para simular progreso, no es más que maquiavelismo puro. En fin, nuestros políticos juegan con la miseria humana del panameño y del extranjero porque les conviene manejarlos, cual animales a voluntad de su amo, condicionados por sus instintos y obligados directa o indirectamente a asumir su miseria como destino manifiesto de la vida, obviando que tal pobreza es la consecuencia de repartirse las riquezas del País entre los mismos de siempre.

ABOGADO, LOCUTOR Y POLITÓLOGO