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18 de Oct de 2019

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Julio César Caicedo Mendieta

Columnistas

Domarán coyotes que comerían diputados

En mis setenta años de una vida incomparable, jamás me había encontrado con sorpresas tan curiosas como las encontradas en estos últimos nueve año

En mis setenta años de una vida incomparable, jamás me había encontrado con sorpresas tan curiosas como las encontradas en estos últimos nueve años vividos acá en los pueblos Coclesanos, principalmente en los campos mágicos de los distritos de Penonomé y La Pintada.

Comienzo por contarles el hecho más reciente ocurrido en un lugar de Penonomé que muchos visitan todos los años: Churuquita Grande. Cualquier turista, nacional o extranjero al que le acerquen muy ávidos siete borrachos juntos, en una mañana de paseo dominical pidiéndole plata para una pacha de seco, saldría huyendo despavorido por semejante desventura. Bueno eso le sucedió a una familia a quienes recomendé como bueno el lugar, porque así lo conocí diez años atrás.

La familia llegó con una leve llovizna en la mañana del domingo 22 de julio de los corrientes. Se detuvieron en el super de Churuquita Grande a pedir direcciones del mapa que los acompañaba y no se pudieron bajar del auto por el acoso de los alcoholitos pidiendo dinero. El desagrado de mis amigos fue tanto que ni se atrevieron pisar siquiera el atrio de la iglesia por temor a que el cura también los recibiera borracho. Da lástima como aumenta la cantidad de enfermos dependientes del licor en nuestro país. Y es que ustedes no me dejarán mentir, en Panamá no queda un pueblo en donde no haya un negocio de chinos con un altar de seco, ron y cerveza disponible para embriagar a los pueblos.

La otra sorpresa la recibí al enterarme que hay un criador de coyotes en los llanos del Pacífico coclesano. Los canidos que tiene en su finca encerrados son producto de la violación de su única perra por un coyote. Todos sus amigos le han advertido del peligro de esos animales. Los salvajes le obedecen solo a él con la sumisión más grande del mundo. Eso sí cuando alguno de los perros se logra escapar acaba con gallinas, patos y hasta con los perros pequeños. Y siempre regresa con el rabo entre las piernas.

Estos canidos no tienen depredadores a menos que incurran en los terrenos de la extensa finca del Dr. Ibañez donde reina un leopardo llamado el tuerto, que ha matado y comido vacas, puercos, perros y coyotes. Por el momento dice que está a punto de terminar con el entrenamiento de sus coyotes para que se coman por lo menos con 68 de los 71 diputados.

ESCRITOR COSTUMBRISTA