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25 de Oct de 2020

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Julio Yao Villalaz

Columnistas

Una inesperada llamada de Fidel Castro

Fidel, al otro lado de la línea, deseaba conocer mi visión de lo que estaba sucediendo, ya que se habían enterado de mi renuncia y ellos en La Habana estaban a oscuras.

Los Acuerdos Posinvasión y los Panamax son el resultado de vacíos deliberados en el Tratado de Neutralidad (TN) que Washington llenó por su cuenta, abusando del entreguismo de los grupos gobernantes (‘Acuerdos posinvasión y neutralidad', La Estrella de Panamá , 18 de agosto de 2018).

Cuando me lo permitieron leer por primera vez (agosto de 1977) observé que el TN adolecía de omisiones y despertaba interrogantes, algunas de las cuales mencioné durante el Consejo General de Estado Ampliado el 3 de agosto de 1977, en el cual se hizo la primera presentación de los Tratados y donde yo no debía estar. Fui atacado en algunos medios por decir la verdad en ese Consejo, por lo que decidí renunciar tras seis años como asesor del canciller y jefe de las negociaciones, Juan Antonio Tack.

El TN era el proyecto que más interrogantes suscitaba. Una vez fuera del Gobierno, algunos embajadores me consultaron; entre ellos, de Japón, pero la más relevante consulta fue la que me hizo el presidente de Cuba, Fidel Castro.

El embajador de Japón, Hiroji Yamaguchi, me espetó esta pregunta: ‘Si un barco de terroristas se aproxima al Canal para intentar destruirlo, ¿a quién le corresponde hacerle frente: a Panamá o a EE.UU.?'.

Le respondí: ‘Si es en aguas panameñas y eso ocurre antes del 31 de diciembre de 1999, EE.UU. tiene la responsabilidad primaria, pero no puede dejar por fuera a Panamá. Si es después de esa fecha, la responsabilidad primaria (que no se menciona en el TN) es de Panamá, el cual puede, si quiere, pedir ayuda a otros Estados, incluyendo a EE.UU. Pero esta es mi interpretación personal de cómo se debe actuar conforme a derecho, ya que el Tratado en ese sentido guarda silencio'.

El TN tenía lagunas y ambigüedades en su forma original, aún sin las copiosas enmiendas que llegaron después del plebiscito y que el pueblo no aprobó.

Pero fue el presidente de Cuba, Fidel Castro, quien me hizo la más amplia consulta. Su canciller, Raúl Roa, y el embajador Huang Hua de China Popular, fueron quienes más apoyaron a Panamá en el Consejo de Seguridad de 1973. Roa hizo el planteamiento más enjundioso. Por su parte, el presidente Mao Tsé Tung envió un mensaje (mantenido en secreto) que me tocó recibir por encargo de Tack, que autorizaba a la delegación de China exigir la evacuación inmediata de las bases militares de EE.UU. si Panamá lo pedía.

Fue el canciller Tack quien propuso y convenció a Torrijos reconocer a Cuba, expulsada de la OEA, ante la oposición del presidente Lakas y otros ultraderechistas. Sin embargo, Cuba no es mencionada usualmente junto a Venezuela, Colombia, Costa Rica y México entre los países solidarios con Panamá.

Por esa razón, atendí con diligencia y respeto la llamada del embajador de Cuba, quien me invitó a visitarlo. No fue poca la sorpresa al enterarme de que era el responsable de la Inteligencia cubana quien me llamaba a nombre del presidente Fidel Castro para hacerme una consulta sobre la situación nacional.

Fidel, al otro lado de la línea, deseaba conocer mi visión de lo que estaba sucediendo, ya que se habían enterado de mi renuncia y ellos en La Habana estaban a oscuras.

Le expliqué al presidente de Cuba que el canciller Tack había sido apartado y que era otro el equipo negociador del TN; que la Oficina de la Comisión Asesora había sido trasladada a sitio desconocido, al cual yo no tendría acceso; que el TN era una violación de la Declaración Conjunta Tack - Kissinger de 1974; que el TN parecía redactado más por militares que por diplomáticos; que era un tratado incompleto e inconcluso, con omisiones importantes, como, por ejemplo, que no reconocía la soberanía panameña expresamente, como sí lo hacía el Tratado del Canal, y desfiguraba el principio de no intervención; que el TN trataba al Canal como algo distinto y ajeno al resto del país y se aplicaba a la vía acuática, mas no a Panamá; que el TN no decía quién, cómo, con qué, cuándo ni hasta cuándo se protege o defiende el Canal; que el TN no contemplaba el recurso a tribunales internacionales de justicia; que el TN no hacía alusión a la Carta de la ONU, al Derecho Internacional o al Derecho del Mar; que el TN era un tratado por completar, pues abría paso a otros acuerdos militares después del 31 de diciembre de 1999.

Después de la consulta, me enteré de que casi todo el personal de la Embajada, incluido el embajador, había sido removido.

Ni China Popular ni Cuba son signatarias del Protocolo de Adhesión al Tratado Neutralidad.

EL AUTOR ES ANALISTA INTERNACIONAL Y EXASESOR DE POLÍTICA EXTERIOR.