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24 de Oct de 2020

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Mireya Lasso

Columnistas

La ‘Transición de Terciopelo' mexicana

El calificativo tiene como antecedente la llamada ‘Revolución de Terciopelo' que hace treinta años ocurrió en la Checoslovaquia sujeta al bloque soviético

El próximo primero de diciembre asume el poder en la República mexicana el nuevo Gobierno encabezado por el candidato opositor Andrés Manuel López Obrador —AMLO—, quien se alzó con el triunfo con un amplio margen, como fue predecible desde el inicio de aquella campaña electoral. Este cambio de poder no llamaría tanto la atención —lo normal en un régimen democrático—, si no fuera por la aspereza y contundencia con que el líder ganador criticó al Gobierno saliente. Llama la atención precisamente porque, después de una campaña electoral tan cruda, que vaticinaba una relación ácida entre ambos grupos, las relaciones se hayan desarrollado en un clima de colaboración recíproca, calificado como ‘Transición de Terciopelo'.

El calificativo tiene como antecedente la llamada ‘Revolución de Terciopelo' que hace treinta años ocurrió en la Checoslovaquia sujeta al bloque soviético, que propició una sustitución pacífica del régimen comunista por los primeros pasos hacia un sistema de apertura democrática. Algo parecido acaba de ocurrir en la República de Armenia. Aunque en un principio la sociedad checa no estaba organizada para asumir el control político, la falta de apoyo militar soviético, la débil posición política interna de los gobernantes checos, y los movimientos liberadores en varios países detrás de la Cortina de Hierro, forzaron cambios logrados en paz y sin violencias.

De ahí que lo que sucede actualmente en México, entre el presidente saliente Peña Nieto y el futuro mandatario ALMO, sea ponderado como una actitud civilizada en bien del país. Como es de esperar, son muchos los problemas y retos que enfrentan la nación y el nuevo mandatario; entre ellos su relación con su vecino del norte con amenazas que se ciernen con relación a su tratado de libre comercio, el famoso muro y la política sobre migración del presidente Trump.

Pero algunos sectores mexicanos de opinión pública consideran que al presidente electo se le puede estar yendo de las manos en esa transición amigable cuando emite declaraciones que intervienen en políticas y proyectos incompletos del actual Gobierno aún en marcha, como por ejemplo, la repartición gratuita de textos escolares en septiembre, la inclusión o exclusión de fondos en el presupuesto que debe aprobarse antes de fin de año para respaldar una promesa electoral del ALMO, la invitación para octubre ya hecha a inversionistas extranjeros interesados en la industria del petróleo. Algunos las califican como ‘golpe de Estado técnico, porque mientras el próximo presidente no tome protesta en el Congreso, la responsabilidad de la conducción del país corresponde al actual mandatario y a sus funcionarios'.

Esa transición de terciopelo podría agriarse, si no se logra un balance entre medidas a corto plazo que debe ejecutar el régimen saliente hasta el último día de su mandato, y medidas de largo plazo que podrían atar al próximo Gobierno y al país.

En Panamá, hemos sufrido en el pasado transiciones traumáticas, como las ocurridas en octubre de 1968 y posteriormente en 1989, cuando los respectivos Gobiernos y oposiciones mantenían una especie de pugilato hasta el último momento, como corolario de campañas electorales desenfrenadas. Afortunadamente las últimas cinco transiciones se han llevado a cabo en un ambiente de respeto y cortesía para bien del país. Gobiernos salientes y equipos entrantes han podido dialogar e intercambiar información esencial para que la marcha del Gobierno no se detenga, aunque pueda estar sujeta a ajustes posteriores. Cuando se piensa en el bienestar del país no hay cabida para mezquindades políticas; por tanto, es de esperar que el próximo primero de julio continúe la tradición de nuestra Transición de Terciopelo panameña sin obstáculos ni sobresaltos.

EXDIPUTADA