Temas Especiales

29 de Oct de 2020

Ramiro Ochoa Aguilera

Columnistas

Educación pública, sinónimo de discriminación

‘[...] urge una [...] ‘Educación por el Trabajo, de una Escuela del Pueblo y de una Pedagogía Popular y Moderna' [...]'

A ctualmente, percibimos cómo en Panamá y gran parte de América Latina, la educación pública ha sido relegada, vilipendiada y se ha dirigido, en su mayoría, solo para el estudiante proveniente de los sectores más humildes, desde ese momento a nuestro criterio surge una marcada discriminación, ya que el niño o adolescente que ingresa a una escuela estatal, por las carencias propias de esta, por lo general reflejará deficiencias a lo largo de su educación comparativamente con estudiantes de escuelas privadas.

Precisamente, nuestra Carta Magna en su artículo 19 hace referencia a que no habrá fueros o privilegios ni discriminación por raza, nacimiento, discapacidad, clase social, sexo, religión o ideas políticas; y es que desde que iniciamos nuestra vida escolar, ya existe una segregación social, donde quien tiene recursos económicos, lógicamente matriculará a sus hijos en los centros educativos de mejor formación, mientras que el campesino, el obrero, el transportista, no tiene más remedio que acudir a las públicas.

Pero, ¿son las escuelas privadas superiores a las instituciones educativas públicas? Sí, lastimosamente en nuestro país hemos convertido la educación en una mercancía, surgieron especuladores privados, que año tras año suben las matrículas, no se piensa en una educación integral del alumno, solo en el negocio, y nuestros gobernantes, sin visión de estadistas, no han logrado redefinir el rumbo de la educación pública, desde aquel rechazo de la reforma educativa en 1979. Ahora cualquiera ubica un plantel en una esquina y el padre de familia, más que todo el de clase media, se ve abocado a buscar la opción más apropiada a su bolsillo, colegios que den mejor inglés, cercanos a sus sectores, con disciplina férrea, etc.; mientras, los niños de estratos populares deben acudir por fuerza a instituciones públicas donde las instalaciones tienen un pésimo mantenimiento, no es el mismo pensum académico, entre otros factores, aunque en teoría los profesores sean iguales que los que imparten en privadas.

En dónde quedó el glorioso Nido de Águilas, el plan piloto del Fermín Naudeau, escuelas técnicas como el Artes y Oficios, que nutrían de profesionales a este país, y que mantenían prestigio educativo, no es justo que solo pueda recibir enseñanza de primera el adinerado, por eso debemos propugnar por transformar las estructuras, de tal manera que la educación sea solo pública e igualitaria, con la suficiente calidad para que no haya distinciones a futuro, no haya ciudadanos de ‘primera y de segunda categoría'.

Ante este escenario, se aprecia claramente una franca discriminación, por lo que actualmente estaríamos violando un derecho humano inalienable, el Derecho a la Educación reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, que se encuentra por encima de cualquier norma constitucional, y la cual hace alusión a la disponibilidad, a propósito de la gratuidad, la accesibilidad, aceptabilidad, refiriéndose a la calidad y a la adaptabilidad.

Para entender el tan propugnado Derecho a la Educación, como lo exponemos en este artículo, tendremos que adentrarnos al campo de la filosofía de la educación, disciplina que estudia el fenómeno educativo y las teorías sobre el mismo desde una perspectiva racional, con el deseo de ofrecer una explicación sobre la educación humana. Nos preguntamos entonces, ¿cuál es la finalidad de la educación? Decía Aristóteles, que formar hombres plenos y virtuosos. ¿Y cómo los formamos?, quizás profundizando en aspectos axiológicos en el ser humano, y no erigir ciudadanos solo para el servicio.

Somos del criterio que para ello, también urge una propuesta de ‘Educación por el Trabajo, de una Escuela del Pueblo y de una Pedagogía Popular y Moderna', como expresó el maestro y pedagogo francés Celestín Freinet (1896-1966), que se funde en la autogestión, cooperación y solidaridad entre nuestros niños, estimulando la creatividad y la investigación de nuestro entorno. Esperemos que alguno de los próximos gobernantes tenga esa visión de Patria, y trabajemos todos por el mejoramiento de nuestra tan golpeada educación, a fin de que ella se convierta en una fuente constante de aporte al progreso del país.

EL AUTOR ES ABOGADO Y MIEMBRO DE LA JUNTA DIRECTIVA DEL SINDICATO DE TRABAJADORES DEL METRO DE PANAMÁ (SITRAMEP).