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04 de Apr de 2020

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Ricardo Arturo Ríos Torres

Columnistas

Victoriano Lorenzo desde Colombia

El cholo coclesano es un auténtico descendiente de Quibián y Urracá

L etras con sangre nacen al escribir con dolor, rabia e indignación, así es el texto de La guerra perdida del indio Lorenzo, novela del colombiano Rafael Baena. El escritor reacciona ante la humillación, traición, cinismo y corrupción conjurados en el asesinato institucional de Victoriano Lorenzo, el 15 de mayo de 1903. El cholo coclesano es un auténtico descendiente de Quibián y Urracá.

La soledad existencial, la cual anida en el recodo secreto del mundo interior, unida al perdón fortalecen el alma, cuando reconoces que el vía crucis del guerrillero coclesano sembró las semillas de la épica de la soberanía. La acción patriótica de la juventud le hace justicia al cholo fusilado por los liberales y godos colombianos en asocio con la elite dominante panameña, todos aliados al imperio de Washington.

El canal es el gran negocio bursátil, la herramienta para ejecutar el Destino Manifiesto y la política del gran garrote del nuevo imperio que hace del Caribe y el Pacífico oriental lagos estadounidenses. Asesinar a Victoriano es la consigna, el cholo es más peligroso que Belisario Porras. Victoriano es el símbolo de la rebelión popular, de los marginados, los famosos condenados de la tierra de Frank Fanon.

Los Caínes, Brutus y Judas criollos le quitan a Porras los derechos civiles, le temen. La ciudadanía militante lo hace tres veces presidente de una República, mediatizada por un enclave colonial oprobioso.

La narración de Rafael Baena, La guerra perdida del indio Lorenzo, renueva mi esperanza de una América unida en el sueño de Bolívar, de una Patria Grande sin izquierdas ni derechas anacrónicas.

La prosa de Rafael es puntual sin eufemismos ni concesiones. El drama electrizante y el suspenso te agobian. Los conflictos abismales de los protagonistas, así como la trama angustiante nutrida de las vivencias individuales y colectivas, promueven una lectura apasionante.

La Guerra de los Mil Días, ambientada en Panamá, con dramáticas escenas y un realismo fascinante, golpea tu sensibilidad. El horror del conflicto bélico, sin adornos verbales, te emociona hasta sufrir.

Las paradojas de hombres ambiciosos, egoístas, con valores fatuos contrastan con la hidalguía, el coraje y el honor de la indiada coclesana, apoyada por panameños solidarios con sus ideales de redención social.

El asedio a sentimientos opuestos genera una crisis existencial agravada por una humanidad huérfana de principios morales, éticos, cívicos y patrióticos.

El alma se conmociona, te duele el calvario de un Victoriano en lucha contra la adversidad.

Rafael Baena tiene el don de contar con credibilidad las pasiones encontradas, te hace partícipe de un entorno violento, sanguinario, pleno de iniquidades.

Los Herreras, Emiliano y Benjamín con sus mezquindades e infamias contra Belisario y Victoriano te llevan a despreciarlos, ¿dónde quedaron ellos en el devenir colombiano? Sin duda en el basurero de la historia.

Porras y Lorenzo son dos íconos de la nación panameña. Belisario es el mejor estadista de Panamá, el cual, supo enfrentarse al imperio de Wall Street y Victoriano es la bandera de los oprimidos y de las luchas sociales de los istmeños. Belisario y Victoriano son arquetipos de la épica de la esperanza del acontecer nacional.

La Guerra de los Mil Días es la manifestación bélica de los istmeños conducente a la separación del centralismo bogotano, así lo comprenden los liberales colombianos y sobre todo el coloso del norte, el cual impide el éxito de la misma, pues es imposible negociar un tratado canalero tan leonino con una revolución triunfante.

Victoriano, como visionario, aprecia que el verdadero enemigo son los norteamericanos, ellos imponen la paz con el Tratado de Wisconsin, el cual facilita el asesinato sumario del cholo guerrillero de las montañas de Coclé.

Referencia bibliográfica: Baena, Rafael, La guerra perdida del indio Lorenzo, Bogotá: Alfaguara, 2015, 222 p. il.

Nota: Las letras panameñas le rinden homenaje a Victoriano con poemas, narraciones, dramas y ensayos. La Biblioteca Nacional tiene una amplia bibliografía al respecto, así como de La Guerra de los Mil Días en Panamá. Recomiendo La Antología de la Guerra Civil de los Mil Días (1899-1902) de Jorge Conte Porras.

HISTORIADOR, ESCRITOR Y DOCENTE.