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03 de Apr de 2020

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Ricardo Arturo Ríos Torres

Columnistas

Justo Arroyo, el imaginario caribeño

El Panamá Cede crea la Zona del Canal con la odiosa discriminación y arrogancia imperial, surge el enclave estadounidense en pleno centro del Istmo.

La lectura de Barrio Negro de Georges Simenon me hizo sentir una intensa emoción con las cromáticas pinceladas de la ciudad atlántica de Colón. Justo Arroyo con Vida que olvida, me hace caminar otra vez por el lluvioso Colón de mi infancia y recuerdo, mi tercer grado de primaria en la Escuela República del Uruguay.

Colón atesora mis vivencias familiares, siempre presentes, allí vivieron los hijos de mi abuelo el irlandés-tabogano, el auténtico Richard Brooks.

Justo Arroyo traza con sensibilidad patriótica, el itinerario de un país sometido por las águilas imperiales desde 1885 a 1939, cuando el bogotano Pedro Regalado llega al Caribe panameño, con la hermosa negra Antonia.

El autor narra los tiempos de Pedro Prestán cuando tiene la osadía de enfrentar a un engreído cónsul estadounidense, el fracaso del Canal Francés y la presencia del Coloso del Norte.

Pedro se enfurece al repetirse el crimen de Prestán con el fusilamiento de Victoriano Lorenzo. El 3 de Noviembre de l903 se violenta contra el Acto Separatista.

El Panamá Cede crea la Zona del Canal con la odiosa discriminación y arrogancia imperial, surge el enclave estadounidense en pleno centro del Istmo.

Las intervenciones del Gran Garrote se multiplican ante cualquier incidente como el de La Tajada de Sandía. Pedro Regalado sufre la invasión de Coto por Costa Rica en 1921; se identifica con el Movimiento Inquilinario de 1925, se asombra ante la Revolución de Tule de San Blas y el golpe de Estado del dos de enero de 1931 por Acción Comunal.

Justo Arroyo, con gran emoción, describe las festividades del Cristo Negro, el Naza de Portobelo. El Naza deslumbra con una figura que intimida, la mirada te penetra el alma. El lector palpita con la devoción colectiva y camina el sendero de la redención con una multitud enloquecida de fe.

Pedro Regalado es el anacronismo viviente, es ‘una mecha ambulante en espera de su chispa'; se niega a reconocer que Panamá ya no es el departamento de Colombia. Antonia, su esposa, se siente señora en una sociedad multiétnica y policultural. Pedro se desconcierta ante el traumático drama de sus hijas Aminta, Nicolaza y Martina: son ‘un cielo negro, gris y azul'. La vida es más paradójica que los deseos paternales. Justo Arroyo, con el estilo del egipcio Naguib Mahfouz, un cirujano de almas, nos confronta con las historias personales de tres mujeres distintas.

Justo Arroyo nos introduce en la voluptuosa trama, con una prosa plena de sudor, olores, sonidos, lágrimas, golpes, aguardiente. Justo es el escritor consecuente con el Panamá Profundo, en cada nuevo texto se supera, así como lo hace la República cuando se libera de las prisiones contractuales con la épica de la Soberanía, es el reclamo del derecho al futuro.

Vida que olvida es la novela que le da la bienvenida a la celebración de un siglo de afirmaciones patrióticas, de una nación que ejerce jurisdiccionalmente la soberanía en todo su territorio. La cálida narración enorgullece a una comunidad con un valioso sentido de pertenencia con más de cinco siglos de hacer patria común. Somos una nación aluvional, la diferencia nos caracteriza.

Referencia bibliográfica: Arroyo, Justo. Vida que olvida/ Cali: Alfaguara, 2001. 254 p.

Nota: la reseña está incluida en mi libro Musas del Centenario, puede consultarlo en la Biblioteca Nacional.

HISTORIADOR, ESCRITOR Y DOCENTE.