Temas Especiales

30 de Mar de 2020

Antolino Herrera Castillo

Columnistas

Desengaño

Qué diremos de los políticos tradicionales, con las excepciones que pueda haber, dicen mentiras del principio al fin.

Dentro de las preguntas que puedan surgir en un ambiente engañador, está la posibilidad de que los grupos organizados estén en la capacidad de pensar, discernir nuevas rutas, senderos o caminos en la búsqueda del posicionamiento de nuestros valores, cultura, identidad y nacionalidad, que tanto necesitamos. Estos intentos, siempre han sido guiados por los verdaderos líderes, sin duda, con la mejor visión y misión, astucia, diligencia, inteligencia y capacidad, entre otras destrezas que son necesarias para vivir y convivir en un mundo como este.

Hasta ahora, este papel lo han desempeñado los dirigentes y cada elemento humano acorde a cada situación de riesgo o peligro que se cierne al interior de nuestras fronteras patrias. Científicos sociales en Panamá lo han explicado así: ‘El verdadero patriota es el que, aún a riesgo de su propia vida, sale a conjurar el hecho que amenace nuestra paz como hermanos. Pero ocurre que a menudo no estamos entre hermanos, sino entre grupos que se adversan, cada uno reclamando lo que considera su derecho o su pan. Y en esto se van, como en una carrera interminable, blandiendo cada justificación, a veces acertada, otras totalmente fuera del contexto o del análisis. Por ejemplo: el diputado reclama seguir en su curul y no se da cuenta de que ya estamos hartos de ellos, que ya han hecho mucho daño, que serían útiles en otros escenarios, que seríamos muy felices si no los escucháramos hablando a nombre del pueblo, mientras abrazan sus bolsas llenas de nuestro sudor, hueso y sangre; es decir, de nuestro trabajo, nuestros impuestos, nuestro sudor.

Necesariamente le siguen en este análisis los grupos elitistas; elites del poder económico-político y financiero. Pero cómo creer en ellos, si solo aparecen cuando la utilidad neta de sus empresas se ve disminuida o comprometida. Luego se hacen sentir en los medios, (paneles) seminarios, entre otras expresiones de que tienen dominio. Aparecen como los salvadores y que todo lo van a resolver; ¡mentira! Ellos están cuidando su tasa de ganancia.

Qué diremos de los políticos tradicionales, con las excepciones que pueda haber, dicen mentiras del principio al fin. Hay que cuidar la lengua; con ella podemos construir o destruir, bíblicamente es para vida o para muerte. Pero si nos enfrentamos a un conjunto de ateos no hay mucho que hacer. Ahora correrán haciéndose pasar por cristianos, para ellos, situación coyuntural y necesaria. Este es un país de elites o clases parasitarias. No estoy diciendo que pertenecer a una elite sea malo. ¡Es nuestra conducta, nuestro comportamiento y hechos que nos definen de frente a responsabilidades u obligaciones!

Por ejemplo. De ser docente, se espera puntualidad y cumplimiento. De no ser así, pertenecemos a una elite de la peor especie. Porque nos olvidamos de que Panamá es tipificado como desigual en grado superlativo. Si la educación se considera como una esperanza para los sin tierra, sin caballo, sin bienes, sin medicamentos y otros sinsabores a bordo del barco del 80.0 % de panameños. Todo porque las minorías selectas —elites— así lo determinan. El asunto está en que el que tiene la oportunidad de estudiar utilice su conocimiento para explotar a la gente pobre. No estamos muy alejados de la verdad a raíz de las denuncias dirigidas a la Asamblea Nacional, forrada en trajes, corbatas y autos costosos. En sus sueños de opulencia se degradaron y se engañaron a sí mismos. Así como a otros, el billetón cubrió sus ojos, su mente y corazón. Entre tanto, el libro de libros, la Santa Biblia, porque dice la verdad, advierte: ‘la vida de hombre, no consiste en la abundancia de los bienes que posee'. Están muy errados.

ECONOMISTA