La Estrella de Panamá
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16 de Oct de 2019

Betserai Richards

Columnistas

Economía o eco-manía

La situación económica de Panamá ha provocado que diversas empresas sean obligadas a despidos masivos.

La situación económica de Panamá ha provocado que diversas empresas sean obligadas a despidos masivos. Posteriormente, muchos de esos desempleados tienen dificultades para ser reintegrados en plazas de trabajos. De allí surge el efecto dominó en donde disminuye el circulante entre familias, salvo excepciones los que ostentan jugosos ingresos a través de contratos, salarios estables en el sector privado o posiciones privilegiadas con el Estado.

Si analizamos algunas estadísticas económicas, podemos concluir que, en comparación a años anteriores, existen indicadores sobre cierto desmejoramiento. Para este año, el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó el crecimiento de la economía en un 3.7 % (inferior a los 5.4 % de 2017). Ese gradual descenso inicia desde 2011, cuando la economía iba viento en popa a un ritmo del 11 %. Además, el FMI reporta un proporcional aumento del desempleo. Ojalá evitemos un precipicio similar a la recesión de otros países vecinos.

Cuando un miembro de familia pierde su trabajo, lo más lógico es aplicar algún plan de contingencia o reajuste en gastos mientras logra otra plaza de empleo. Con un gancho a la quijada del bolsillo caen los ingresos disponibles para divertirse (cine, turismo, restaurantes, etc.). Y después a sudar la gota gorda para mantener hogar, carro, colegios y canasta básica. Pero, ¿qué ocurre cuando no se logra colocar otro empleo a corto plazo, porque la situación pasa de Guatemala a Guatepeor? No se necesita ser gurú financiero ni ser tildado de mentecato o ‘ñañeco' para entender cómo los ingresos quincenales de algunos trabajadores no abarcan tres comidas diarias. Si la suerte loca toca una fecha en lotería, se ahorra algo frente al empleo en peligro de extinción.

Es lamentable la inexistente creatividad de las empresas. En medio de su crisis, optan como única solución el despido de empleados, sin idear improvisaciones para que el negocio sobreviva. Cito el ejemplo de uno de varios restaurantes de lujo frecuentados con menús caros que prosperaban conforme una vigorosa economía. Descubrimos una preocupante situación: solo tenía 13 empleados de los 30 anteriormente contratados. Era irónico ver los mismos precios en el menú, pero en conversación con los empleados revelaron una disminución de beneficios laborales, comisiones, bonos, propinas, etc. Es decir, la reducción de personal y beneficios no parecía hacer entender a los administradores, aun cuando perdían clientes con los precios elevados. Desgraciadamente, el restaurante terminó en la quiebra. Otra historia sería si emplearan la estrategia de rebajar costos del menú, ofertar planes para preservar clientes, negociar acuerdos para postergar deudas.

Existe una correlación entre el bajón económico y la crisis institucional, ejemplarizada por los dimes y diretes de escándalos y corrupción: desde los poderes económicos hasta la Asamblea Nacional y el Órgano Judicial, el desprestigio que conlleva un expresidente encarcelado, del actual jerarca implicado en sobornos por su más cercano amigo/colaborador y copartidario, el duro golpe del mal llamado ‘Panama Papers', que clasificó al país como accesorio internacional para fraudes y la evasión de impuestos, hizo tambalear la confidencialidad entre abogado y cliente, incluyendo la buena reputación del sistema financiero. Encima, el Departamento del Tesoro de EUA hundió a un empresario con el pretexto de narcotráfico y el lavado de dinero. Sin lugar a dudas, la injerencia de la ‘Lista Clinton' tuvo consecuencias fatales para muchas familias panameñas por los cierres de empresas y despidos masivos.

Debemos reconocer que las relaciones en el mundo están cambiando; ya no es tan viable una economía exclusivamente basada en servicios que se aproxime a la servidumbre. La mecanización y el reemplazo de la mano de obra también impactarán directamente en la forma de producción, distribución y consumo. Y no solo debe tratarse de ahorrar gastos con la tecnología, sino con mecanismos de adaptación las empresas puedan sobrevivir las vorágines de cambios sin menoscabar la mano de obra, como sucede con los medios de comunicación. Se requerirán políticas de utilidad alternas para maximizar el desarrollo de mente, alma y cuerpo.

Si Panamá es el ‘hub' logístico comercial y marítimo de las Américas, se queda corto sin aprovechar al máximo dos grandes océanos para invertir en la industria de construcción marina. Aproximadamente el 70 % de la superficie del planeta está cubierta por agua y océanos. Por ende, existen ejemplos de megaproyectos que pudimos desarrollar antes que asumiéramos el total control del Canal de Panamá: ‘Hyundai Heavy Industrias', compañía surcoreana con más de 25 000 empleados, construye una variedad de buques (comerciales, cargo, mercantes, navales, flotante de producción, descarga, cruceros, almacenamiento y demás). Tomando en consideración que el salario mínimo en Corea del Sur se aproxima a $7.00 por hora, durante 2017 la compañía HHI generó $14.5 mil millones en efectivo.

La desaceleración económica pudo deberse en parte a ciclos sistémicos, inflación, alzas en tasas de interés, falta de visión / reinvención de la empresa privada, poca ingeniería sobre la energía solar, el reciclaje y mercadeo de la agroindustria, las malas políticas del Gobierno, aumento de deuda pública y externa, o quizás una limitación psicomotora (dos pasos hacia delante y uno para atrás) frente a nuestro reto de ser una nación de primer mundo.

PERIODISTA