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14 de Oct de 2019

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Mireya Lasso

Columnistas

La noche de paz debería extenderse a todo el año

El villancico navideño más escuchado en el mundo entero fue cantado por primera vez en la iglesia de san Nicolás

La noche de paz debería extenderse a todo el año

El villancico navideño más escuchado en el mundo entero fue cantado por primera vez en la iglesia de san Nicolás en la aldea austríaca de Oberndorf. Inspirado en el poema ‘El año sin verano' del sacerdote Joseph Mohr, con arreglo musical apresuradamente realizado por el organista Franz Gruber, se estrenó en la Misa del Gallo el 24 de diciembre de 1818; se cantó en idioma alemán, no en latín como era usual en las iglesias, para que el mensaje fuera comprendido por todos.

Durante muchos años solo se cantó en esa aldea, hasta que un visitante lo llevó a otros países de Europa, para luego llegar hasta las cortes de reyes y zares de ese continente. Desde entonces se canta en más de 300 idiomas, entre ellos: ‘Stille Nacht', ‘Silent Night', ‘Cicha noc swieta noc', ‘Douce nuit'; ‘Stilla natt', etc.

Declarado Patrimonio Intangible de la Humanidad por la Unesco, el villancico trascendió su espíritu religioso para convertirse en una plegaria universal por la paz. Su origen se vincula al final de las guerras napoleónicas que durante 12 años mantuvieron en vilo y en zozobra a varios países europeos por causar millones de muertos de diferentes nacionalidades en los bandos contendientes. Al llegar a su final en 1815 con la histórica derrota de Bonaparte, nació una intensa esperanza general que ansiaba una paz curadera en el continente. A esta circunstancia se unió en la Europa central un severo frío que destruyó cosechas, que propagó el hambre y que se atribuyó a una baja de la actividad solar y al oscurecimiento del cielo por millones de toneladas de polvo y cenizas arrojadas a la atmósfera por fuertes erupciones volcánicas en Indonesia. Ese desastre climático agravó la inseguridad y las escaseces que habían dejado las guerras napoleónicas, alimentando un profundo anhelo de paz, de esperanza y de consuelo. Ese deseo por la paz inspiró el poema y el villancico navideño.

Relata la historia de la Primera Guerra Mundial que el 24 de diciembre de 1914, con millones de bajas ya ocurridas en los primeros meses de guerra, miles de soldados combatientes de diversas naciones aprovecharon unas horas de tregua, que llamaron ‘milagro de hermandad,' para deponer sus armas y sus cascos en sus trincheras a lo largo de 50 kilómetros en Flandes y para cantar ‘Silent Night' en sus propios idiomas. Durante la Segunda Guerra Mundial en 1941 igualmente soldados alemanes e ingleses cantaron el villancico en sus trincheras. Resulta una ironía que en tiempos de la Alemania nazi hasta Adolfo Hitler se apropió de la música del villancico y, sustituyendo su carácter religioso por uno nacionalista y político, cambió su letra por ‘todo duerme… Adolf Hitler vela por el destino de Alemania…'.

En esta ocasión los panameños deberíamos inspirarnos en la búsqueda y preservación de la paz que se anida en el espíritu religioso del villancico pero que también lo trasciende a otros aspectos de la vida en común. Si el respeto al derecho ajeno es la paz, debemos asegurarnos con Benito Juárez, que lejos de mostrar irrespetos e irreverencias desmedidas, corresponde respetar a todos los que habitamos en nuestro país. Los retos y oportunidades que están a nuestras puertas requieren un clima de paz y de reflexión que propicie el progreso de todos. Podemos, cristianos y no cristianos, creyentes y no creyentes, también encontrar inspiración en la próxima llegada del papa Francisco, quien nos visita en son de paz. Ella nos puede animar a hacer del 2019 un Año de Paz, imbuidos en el espíritu de la Noche de Paz.

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