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17 de Oct de 2019

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Ricardo Arturo Ríos Torres

Columnistas

Remón y sus lobos

La novela histórica requiere de un toque mágico, es difícil contar una historia conocida desde una perspectiva inédita.

La novela histórica requiere de un toque mágico, es difícil contar una historia conocida desde una perspectiva inédita. Marguerite Yourcenar así lo hace con Memorias de Adriano y lo logra Gloria Guardia con Lobos al anochecer.

El título se corresponde con lo sucedido, los lobos tienen un sentido gregario, el cual coincide con el de los seres humanos. El texto de Gloria hace referencia a la familia de los corruptos, los cuales unen las entretelas de sus malévolos intereses en una ‘tríada' para asesinar al presidente José Antonio Remón Cantera el 2 de enero de 1955.

El diseño literario de una escritora-escritora, como lo es Gloria Guardia, conjuga distintos matices y perspectivas que hacen del conjunto narrativo, una obra excepcional.

El suspenso es de máxima tensión y desasosiego. La conjura, la ejecución y las consecuencias se dan en una acción alucinante, sutil y sin escrúpulos. La trama grotesca y descarnada se da con un ritmo de múltiples tiempos y voces narrativas, las cuales seducen al lector más avezado, por el vigor, energía y aliento de una prosa puntual.

La arquitectura conceptual del relato sobresale por la armonía, líneas analíticas y emotivas que se conjugan en una descripción anímica de cada uno de los personajes y protagonistas principales. El lector siente el nervioso respirar, angustias, sobresaltos, ironías, triunfos y derrotas que los acosan. El pincel enmarca la figura humana en un entorno natural poético y pleno de vida. El momento del magnicidio impacta, asustan las balas al bailar con los trágicos sonidos de muerte y desolación.

El uso de los tiempos simultáneos, al estilo de Cervantes y Borges, le dan a la narración una fluidez exuberante por los misterios, confidencias y enigmas de los actores que mueven las cuerdas malignas del poder. Gloria arma un rompecabezas en donde todo es puntual como el juego de ajedrez, nada se deja al azar. La autora elude las inútiles narraciones que fastidian con nimios detalles. Los tonos y acentos de los personajes de contrapunto, hacen de la composición literaria una sinfonía de colores y sentimientos que llevan al lector participar en un drama de ambiciones laberínticas.

El erotismo, en las confesiones secretas de Ana Lorena son de antología, es fino, delicado, en un torbellino de paradoja, los lectores nos identificamos con ella cuando nos dice: ‘que el amor es una sutil cuerda de luz, ¡sempiterno viaje sin orillas!, que amar es conocer una embriaguez desconocida'.

Willie Fernández Wagner, a contrapelo es el playboy, el astuto Casanova con los artificios, ardides y trampas de un Juan Tenorio que le permiten a esa mujer vencer temores ancestrales, deshacerse de las máscaras al afinar las voces interiores que la animan. Ana renace al mantener viva la esperanza de ser una mujer liberada de los atavismos que la atan.

Las metáforas son hermosas por el saber filosófico, sobre todo cuando afirma: ‘El mar, dueño del tiempo y del espacio, la arrulló apacible con aguas antiguas, aguas con memoria en el eco profundo de sus caracoles'.

Ana Lorena es una mujer quijotesca, tiene la hidalguía de Marcela, la seguridad e inteligencia de Dorotea, la decisión de Zoraida, Gloria Guardia es una dama cervantina. Lobos al anochecer, literariamente, es un clásico.

El crimen de Remón lo confronta con el manejo transparente de los testimonios como de las fuentes documentales. El perfil de ‘Chichi' Remón, el ‘yo sí pongo, yo sí quito', el mandamás de la república de los primos es espectacular. Las intrigas de la Cosa Nostra, la CIA y la Guardia Nacional con los secuaces de la Coalición Patriótica conspiran para asesinar al excomandante de las Fuerzas Armadas y darle un golpe de estado al vicepresidente José Ramón Guizado. Los lobos de Remón tienen la fuerza dramática de Shakespeare y de los clásicos griegos.

La historia real supera cualquier ficción, Gloria Guardia con osadía devela las entrañas de un monstruo de tres cabezas. La novelista tiene como asesor a un protagonista de primera mano de los infames sucesos, a Sir Richard Brooks que también grita con Guizado: ‘¡Carajo, soy inocente!'.

Recomiendo la lectura crítica de una obra que traza un hito referencial en la literatura panameña.

Richard Brooks es el heterónimo de Ricardo Arturo Ríos Torres, es el homenaje tanto a su abuelo irlandés como a su padre tabogano. La calle del espanto, locura narrativa de Sir Richard Brooks, registra su historia. El libro lo puede adquirir en Riba Smith.

HISTORIADOR, ESCRITOR Y DOCENTE.