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14 de Oct de 2019

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Julio Bermúdez Valdés

Columnistas

Colombia: el frágil camino de la paz

S í, en un primer análisis esa era la fotografía de coyuntura dados los elementos relevantes.

S í, en un primer análisis esa era la fotografía de coyuntura dados los elementos relevantes. Dije, sin embargo, a quienes me lo preguntaron que un balance definitivo debía darse después de conocer la respuesta del ELN. Me interesaba sobremanera, porque a menudo estos grupos poseen una lógica política que no coincide con nuestras apreciaciones, porque, considerando su protagonismo, manejan otros componentes para el análisis y que extrañamente los lleva a coincidir con quienes dicen combatir.

Por ejemplo, para mi análisis solo los sectores más retardatarios de Colombia conspiran hoy contra el proceso de paz y su secuela; son los que han ido asesinando a mansalva a más de 300 dirigentes sociales y a exguerrilleros desarmados en los dos últimos años, en busca desesperada de reactivar la violencia. Pero estos últimos hechos pueden arrojar también otra lectura, tal cual lo hacen hoy los grupos disidentes de las FARC, que se mantienen en el monte considerando el clima adverso que han permitido las fuerzas que hoy deciden en Colombia.

Es lógico suponer que los exguerrilleros no se van a dejar matar sin hacer nada. Hasta el mismo Iván Márquez, que encabezó decididamente el proceso de paz por la guerrilla, ha debido pasar a la clandestinidad. Es obvio que hay sectores de la derecha colombiana que evalúan el proceso de paz como rendición y, ‘neutralizado el enemigo', buscan exterminarlo sin considerar si este último posee o no capacidad de respuesta. Parecieran decir: ‘los acabamos ahora o nunca'.

Bajo esa lógica era sospechoso un hecho como el ocurrido en la Escuela de Santander, y me temo que lo actuado por el ELN podría servirle al Gobierno para justificar ahora una ofensiva contra el movimiento democrático, aunque muchos se hayan apresurado a negar su participación en la masacre del jueves. Pero es posible que el ELN también crea que con su acción responde al régimen y obliga a que aquellos que dejaron las armas repiensen su discurso y su actual comportamiento político.

¿Han actuado bien o mal los del ELN? Siento que hay en Colombia una transición donde no se puede hablar de buenos o malos, sino de jugadores tratando de imponer su proyecto. Mientras que el Gobierno desmantela los acuerdos de paz, y los activos paramilitares van asesinado a gente desarmada, el ELN trata de generar un escenario que lo lleve a negociar con el Gobierno en términos más favorables que los actuales. Con la acción en la Escuela de Santander, ese camino parece cerrado, aunque me pregunto si lo del atentado no es el inicio de una nueva ola de violencia con propósitos políticos.

En las últimas semanas hasta el movimiento de masas ha sido un actor con pasos a largo plazo, y no creo que hoy esté en capacidad de definir nada. Así que son ‘los príncipes' y sus feudos, (entiéndase todos aquellos que en Colombia manejan cuotas de poder que les permite activar la violencia, incluido el Gobierno) los que llevan agua al río: 1/ para que sea más claro, o 2/ para enturbiarlo. Aun cuando es el Gobierno de Iván Duque el que tiene el sartén por el mango, nada está dicho aun, porque no sé hasta dónde haya unidad de criterio en el Gobierno y sobre todo en las fuerzas armadas respecto al rumbo que deba seguir el país.

Colombia y su suerte siguen siendo un enigma, porque la guerra sigue teniendo activos que, de no administrarse de forma prudente, podrían despertar. Por ejemplo, con lo pactado en el proceso de paz el partido FARC se ha convertido en un aliado vital para la paz; pero pactaron confiando en el texto discutido por casi cinco años, y hasta los mediadores y la ONU hoy expresan sus aprensiones sobre la manera como se ha implementado lo acordado.

Si eso sigue así, no sería extraño que muchos guerrilleros, que siguieron disciplinadamente las propuestas de su dirección, comiencen a pensar de otra manera. De la propia sociedad colombiana podrían emerger otros organismos bajo la bandera de la frustración y aquellos que, de manera comercial, se hacían ricos en la guerra podrían estar contemplando las posibilidades de algún ‘negocito', incluido el de una aventura hacia Venezuela. Tal cual pinta el panorama en ese hermano país, percibo muy delgadito el hilo de la paz y eso debe ser considerado, no solo por los colombianos, sino por toda la región.

PERIODISTA